-¿Aumenta la audiencia cuando algún ciclo se relaciona con cuestiones de trato habitual en Canarias, como el mestizaje o la multiculturalidad? -Por supuesto. Se nota mucho con los largometrajes latinoamericanos o con los ciclos que nos han acercado el cine hecho en el continente africano, pero también con películas que tratan el tema de la inmigración, como la magnífica "In this World", de Michael Winterbottom. También resulta significativo, y positivo, comprobar cómo gente que no es especialmente cinéfila acude a ver una determinada película atraída por cuestiones extracinematográficas. De hecho, las dos películas que mayor número de espectadores han llevado a la sala han sido dos documentales, "El milagro de Candeal" y "Comandante". La gente no vino a verlas sólo porque las dirigieran Fernando Trueba y Oliver Stone; más bien lo hacían por Carlinhos Brown y Fidel Castro. -¿Existe realmente un retrato robot del espectador que se sienta en las butacas del Víctor? -Existe un alto porcentaje de público fiel que a mí me gusta calificar como "amigos y amigas" del Víctor. Son esos espectadores incondicionales que van a ver todas las películas que estrenamos. Luego la película les podrá gustar más o menos, podrá conectar más o menos con su sensibilidad, pero saben que siempre van a encontrarse con algo, cuando menos, interesante. Luego está el resto del público, que acude en función de que la película le pueda resultar atractiva por algún elemento concreto. Es la razón por la que concentramos los ciclos en determinados períodos del año, e intentamos configurar la programación estable del fin de semana lo más heterogénea y variada posible.