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EMILIO RAMAL HISTORIADOR DEL CINE Y COORDINADOR DE LA SALA VÍCTOR DE SANTA CRUZ

"Debe educarse el gusto por un cine que respete al espectador"

22/ago/07 01:58
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DAVID FUENTEFRÍA, S/C Tfe

Que el cine Víctor de la capital es un coto privado donde los intelectuales van a exiliarse en un remanso de "películas raras" cabe sólo en la cabeza de quien jamás ha puesto un pie en él. Emilio Ramal, historiador del cine y coordinador de la sala desde 2003, contribuye con esta entrevista a desmitificar tan injusta leyenda urbana, al tiempo que apela a una mejor formación de la mirada espectadora, lejos de la doctrina impuesta por los circuitos comerciales.

-¿Qué balance hace de este medio año de actividades en lo tocante a afluencia de público y eventos celebrados?

-Positivo en ambos aspectos. La programación del cine Víctor se confecciona atendiendo a unos criterios cinematográficos radicalmente distintos a los del cine de palomitas que copa las salas de los centros comerciales. En ese sentido, los espectadores que acuden a nuestra sala buscan un cine diferente, y el acto de verlo en pantalla grande, en una sala oscura y en versión original, se convierte en una especie de ceremonia. En la línea de ofrecer al público una programación variada y atractiva hay que encuadrar tanto los largometrajes que componen la programación estable de fin de semana como los ciclos que se han llevado a cabo. Pero, de todas las actividades, yo destacaría los estrenos de cortometrajes canarios, de los que hemos proyectado medio centenar en estos seis meses, que han convertido al Víctor, los miércoles, en una pantalla para los realizadores noveles. Es importante que los jóvenes sepan que cuentan con este marco privilegiado para mostrar sus obras al público, y esa es una línea que nos apetece mucho seguir trabajando.

Exhibición estable

-La sala ha sido presa fácil de la ignorancia política durante la pasada campaña electoral. ¿Cómo convencer de la necesidad de esta oferta de gestión pública, no por minoritaria de menor calidad?

-Afortunadamente, cuando los anteriores arrendatarios del Víctor deciden a finales de 2002 que la exhibición de películas comerciales ya no les resultaba económicamente atractiva al no poder competir con las multisalas de los centros comerciales, es cuando el Cabildo de Tenerife entra en escena para no dejar morir un lugar tan emblemático en la historia de la vida cultural, social e incluso de la educación sentimental de los tinerfeños. Alquila la sala a los propietarios y encarga su gestión a Ideco para dedicarla a la exhibición estable de un cine de calidad, y siempre en versión original, algo común en otras grandes capitales culturales como Madrid, Barcelona o Valencia. En mayo de 2003, el Víctor comenzaba su programación cinematográfica estable que ha hecho posible, entre ciclos y estrenos, que los tinerfeños puedan ver en una pantalla grande películas que, de otro modo, no habrían disfrutado. Cintas de todos los rincones del mundo, cine documental, independiente, alternativo y de autor que, sin duda, ofrecen una visión enriquecedora del mundo, algo que han sabido apreciar las decenas de miles de espectadores que han acudido en estos años a ver un cine no por minoritario menos necesario.

-Al hilo de lo anterior, se suele oír que el futuro del cine Víctor se cuenta entre los más frágiles ante los vaivenes de la conveniencia política. ¿Tienen razón los agoreros?

-Uno nunca sabe lo que puede ocurrir, pero sí puedo asegurar que si el Víctor continúa siendo una sala de cine y no una bolera o un bingo no es sólo por su inestimable valor arquitectónico -otros cines del mismo autor, Marrero Regalado, hace mucho tiempo que se convirtieron en otra cosa que nada tiene que ver con actividad cultural alguna-, sino por el empeño del Cabildo, que ha posibilitado que siga conservando la función para la que fue construido hace más de cincuenta años.

-¿Es posible imprimir en el público un mayor interés por el cine de realizadores ajenos a los círculos comerciales? Si es así, ¿por qué medios?

-Sí. Estoy convencido de ello y creo que la educación es fundamental. Me refiero a educar el gusto por un tipo de cine diferente al del adocenado modelo que impone Hollywood, un cine que no trata a la audiencia como si fuese estúpida, un cine que respeta al espectador y establece con éste un diálogo inteligente. En este sentido tenemos la experiencia -altamente positiva- de las proyecciones matinales que realizamos cada año para la comunidad educativa. Existe una labor previa con los docentes, que antes de acudir al cine orientan a los alumnos sobre la película en cuestión. Resulta gratificante, y hasta esperanzador, comprobar cómo más de 200 alumnos de ESO y Bachillerato, la mayoría de los cuales jamás había visto una película en blanco y negro ni en versión original, asisten a "Los 400 golpes", de Truffaut, y estallan en aplausos al final de la película.

 

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