Lima, EFE El terremoto del pasado miércoles en Perú ha causado heridas irreparables en miles de personas, pero se ensañó con la familia Espino, que perdió a decenas de sus miembros en la destruida iglesia de San Clemente de Pisco.
El funesto destino de numerosos integrantes de esta familia peruana se selló cuando acudieron en masa a la concelebración por el primer mes de fallecimiento de uno de sus tíos, Nery Espino.
Cuando todos oraban por el alma de su pariente en la gigantesca iglesia abarrotada de feligreses, entre conocidos y otras personas que esperaban una misa posterior, se desató el violento terremoto de 8 grados que sembró el pánico y la muerte.
En la iglesia de San Clemente, una construcción del siglo XVIII de adobe y caña, fallecieron esposos e hijos, ancianos, niños y religiosas, en una larga nómina que golpeó en gran parte a los Espino.
Menos de una semana después del terrible desenlace, hermanos, esposos, tíos, primos, cuñados y abuelos, todos miembros de esta familia, han sido enterrados juntos en el Cementerio de Villa en Pisco, la ciudad más afectada por el seísmo.
Uno de estos parientes que sobrevivió a la tragedia, Moisés Guillén, relató que a la misa de difuntos acudieron entre 70 u 80 miembros de la familia Espino.
Guillén confesó que perdió a su madre, a su hermana y a dos de sus hijos y que del numeroso grupo de sus familiares "fallecieron unos 50".
Una joven, también miembro de esta familia, contó que su madre murió en la iglesia y ella se salvó porque permaneció en su casa por un trabajo y su padre tampoco acudió porque "se demoró un poquito".
Su madre la llamó desde su celular minutos antes del seísmo para pedirle que acudiera a la iglesia junto a su padre, aunque ellos prefirieron esperar a la reunión familiar que iba a realizarse luego.
Los medios peruanos confirman que el apellido Espino es recurrente en la lista de personas fallecidas por el terremoto en la ciudad de Pisco, donde murieron 335 personas.
Emilio Espino, otros de los sobrevivientes, declaró al diario Perú.21 que se salvó junto a su esposa e hijos porque se demoraron en acudir a la iglesia, pero murieron su hermano y la esposa de este.
La desgracia golpeó a tres generaciones de esta familia, ya que el mayor de sus fallecidos tenía 69 años y el menor 3.
Uno de ellos fue, sin embargo, protagonista de una historia milagrosa, al sobrevivir en medio de los escombros de San Clemente con sólo un rasguño en el rostro.
Fue el pequeño Gerson, de siete meses, quien fue encontrado por los equipos de rescate desmayado entre las ruinas horas después del terremoto. El niño se salvó porque sus padres lo protegieron con sus cuerpos, a costa de sus vidas.
Ahora el pequeño permanece con su tío Emilio, quien se ha comprometido a criarlo.
La desgracia se ensañó con otras familias, en circunstancias similares, como los Laura, que perdieron a seis de sus miembros en el derrumbe de la iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio de Pisco Playa.
También habían acudido a una misa de difuntos por la madre, Mónica Laura, y con el terremoto murieron tres de sus cuatro hijos.
Sonia Poma, quién viajó a Pisco desde la andina Huancavelica tras el seísmo para visitar a su hermana, confirmó al llegar que esta había muerto junto a dos de sus sobrinas en la iglesia derrumbada.
En medio del polvoriento panorama que nubla el horizonte en Pisco, una ciudad costera en medio del desierto, los cementerios abarrotados de esa localidad lucen las tumbas de estas familias, juntas hasta en la muerte.
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