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JUAN OLIVA-TRISTÁN FERNÁNDEZ

El Ateneo y algunas de sus anécdotas

1/sep/07 07:55
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EN MI ANTERIOR ARTÍCULO les dije que me disponía a relatarles algunas de las ciento de anécdotas que tuvieron lugar dentro del Ateneo de La Laguna. En la ciudad, el ocio lo monopolizaban unos concretos puntos de encuentro como eran el Ateneo, el Teatro Leal, el Casino, el teatro Viana, el Orfeón La Paz, el Parque Victoria, y en cuanto a cafés, tabernas y ventas estaban, entre otros, el café Pelícano, el bar Alemán, con su inigualable ensaladilla rusa, La Oficina, Casa Maquila, Casa Telesforo, la venta de Ernesto, el bar El Refugio, Casa Micaela...

Existía alguna que otra "borrachería" más en donde coexistían personajes de distintas profesiones y oficios y de una amalgama de clases sociales diversas, desde un general o ilustre abogado hasta un limpiabotas o uno que limpiaba pozos negros.

Por demás estaría decir que era el Ateneo el lugar que tenía vitola de irradiación cultural, teniendo lugar en el mismo las Fiestas de Arte con motivo de las celebraciones en honor del Cristo lagunero, trayéndose a las mismas, mantenedores de talla, tanto de la Península como de aquí mismo, verdaderos castelares de la oratoria, como lo fue, por poner un ejemplo, el magistral de la catedral de La laguna don Heraclio Sánchez, amén de los letrados laguneros don Ramón González de Mesa y don Manuel González de Aledo.

Habría que decir que don Heraclio Sánchez era "canarión", pero podía predicar aquí pues era comunitario.

También celebraban los estudiantes al finalizar el curso la surrealista a más no poder "Fiesta del Rollo", en la que la mayoría iban con atuendos de romanos y en donde quedaban perfectamente caricaturizados varios de sus profesores. Fueron, además, estos estudiantes los que llamaron a los Juegos Florales, Juegos "Coliflorales", reivindicando con ella la fama que en toda Canarias tenía la col tacorontera.

Todos los lugares arriba mencionados eran círculos de encuentro y reunión pues por aquéllos años de los cuarenta y cincuenta llovía y hacía frío en La Laguna para aburrir.

Siempre he mantenido que la climatología de La Laguna de aquella época -que nada tiene que ver con ésta- influyó sobremanera en lo tocante al humor que manaba de todos y cada uno de los personajes de entonces. Piensen que en la ciudad empezaba a llover y se "pegaba" lloviendo cerca de un mes, haciéndose un paréntesis de unos pocos días para, a continuación, proseguir la lluvia. No era frío seco sino húmedo, pues, como día el mago, el nivel "frenético" era grande y estaba debajo del suelo, a muy poca distancia.

Claro es que ésta circunstancias coadyuvaba a permanecer refugiado en toda esta suerte de tascas, ventas y tabernas, pariéndose en las mismas anécdotas, golpes y ocurrencias de lo más variopintas, que jalonan la génesis del humor hecho y serenamente desarrollado en La Laguna de mis entretelas.

Voy a relatarles una anécdota que tuvo lugar en el Ateneo lagunero. Cierta noche, el salón del billar estaba a tope y había un socio sentado cerca de la mesa de juego mandándose una bien despachada sobada. Entonces, los allí presentes se ponen de acuerdo para, entre todos, hacerle una cofrada al dormilón y deciden apagar la luz pero que todo siguiera igual, o sea, seguir charlando, hacer ruido con las bolas para lo que uno de ellos cogía una bola con cada mano e intencionadamente la chocaba una con la otra, y en voz alta decía: "He hecho tres carambolas", e incluso uno de ellos exclamó: "Coño, ya son las once y me tengo que ir". En fin, todo normal pero sin luz.

Al cabo de un rato y con la luz apagada, se despierta el dormilón y siguen a rajatabla el plan previamente concebido, por lo que el que se acababa de despertar les oía que hablaban entre sí, oyendo además el ruido de las bolas al chocar, por lo que, no pudiendo más y en el paroxismo, gritó: "Coño, me he quedado ciego" ¡"Pa' que fue aquello! El descojonamiento de los allí reunidos fue tremendo, terminando por darle aire y agua al "invidente", haciéndose a continuación la luz.

Y termino con el chiste de la semana. Uno se encuentra con un amigo y le dice: "¿Sabes que voy de luna de miel a Madeira?", preguntándole el otro: "¿A Funchal?", remachando el primero: "Bueno, a "funchal" y ya de paso ver la isla".

Hasta la próxima y no me fallen.

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