En la evolución de una ciudad siempre cobran especial relevancia, sobre todo, los grandes proyectos que modelan la urbe desde el punto de vista de las infraestructuras, los servicios o, incluso, la cohesión social de sus habitantes. Esos proyectos se articulan, además, en planes llenos de nuevas ideas que aspiran a mejorar el modo de vida, en este caso, de los habitantes y visitantes de la capital tinerfeña; objetivo, no obstante, que, supongo, está en la mira de todos los ayuntamientos del mundo. Sin embargo, hay otros acontecimientos, otras actuaciones, digamos que de baja intensidad mediática, pero que son reflejo de lo que acontece en el día a día de nuestras calles. Así, esta semana el Ayuntamiento se ha visto obligado a reponer dos de las ranas que conforman la hermosa fuente de la bella plaza 25 de julio (que popularmente es conocida como de los Patos) de nuestra ciudad y que posee un enorme valor patrimonial. Y lo ha hecho no porque estuvieran deterioradas por el paso del tiempo o en aras de mejorar el entorno; no, los servicios municipales han intervenido a causa de los destrozos que unos vándalos provocaron en esa fuente durante un fin de semana. Por desgracia, no es la primera vez que los gamberros se ceban con este emblemático rincón de Santa Cruz, esperemos que la próxima ocasión tarde en llegar o no llegue nunca. Muchos de ustedes dirán que como alcalde debería tomar cartas en el asunto e invocar la acción persuasiva de la Policía Local mediante fuertes multas a los que denigran así nuestro patrimonio; pensarán, con razón, que los servicios municipales deben estar atentos a este tipo de destrozos para su arreglo inmediato; darán por supuesto que esa acción de reposición debe ser efectiva y buscar soluciones para que los materiales sean más resistentes. Pues les diré que todas esas reflexiones las tienen muchos de los que trabajan en esta casa y por eso todas esas medidas ya se toman, pero no basta.
Hay un elemento que falta en esta ecuación que trata de poner coto al avance de la falta de civismo: ustedes, los ciudadanos de a pie, esos a los que les duele ver contenedores de basuras vacíos pero con las bolsas a su alrededor; esos que tuercen el gesto cada vez que ven una pintada o una papelera quemada; esos que no comprenden, como yo, que alguien se levante una tarde y decida ir a romper los bancos de la rambla o las ranas de la plaza de los Patos. Y digo que faltan porque son ustedes, que seguro que quieren a esta ciudad tanto o más que su alcalde, los que tienen un alto grado de corresponsabilidad a la hora de paliar esos inexplicables fenómenos que afectan a muchas ciudades llamados vandalismo y falta de civismo. Con la corresponsabilidad no me refiero, por supuesto, a que deban de ser los vecinos los encargados de arreglar desperfectos o reponer lo dañado, pero sí que deben ser ustedes, repito, santacruceros o no, que aman esta capital, los que tienen que estar atentos a esos vándalos, dar cuenta a la policía y tratar, en la medida de sus posibilidades, de inculcar la idea de que Santa Cruz siempre se ha enorgullecido de su limpieza, del respeto de sus gentes a sus calles, plazas, ramblas, parques? y que, en gran medida, esta es una gran ciudad no por sus infraestructuras, sino por sus habitantes, que quieren, cuidan y miman el entorno en el que viven. Esa acción de denuncia y de enseñanza es la responsabilidad compartida que tenemos todos los santacruceros. ¡Ya está bien!, deben decir ante los que faltan al respeto de sus vecinos arrojando desperdicios a las calles, no atendiendo los horarios para llenar los contenedores de basura, manchando de pintadas paredes, muros o monumentos y, ni qué decir, de los descerebrados que queman papeleras, arrasan la cancha de deportes del barrio o les da por romper a golpes la fuente de la plaza de los Patos.
Los ayuntamientos, como el de Santa Cruz, seguirán aumentando medios materiales, humanos y financieros para cuidar y mantener limpias sus calles, pues es una de sus obligaciones, pero ese esfuerzo se convierte en un saco sin fondo si no son los propios ciudadanos los que toman conciencia de que son ellos los que también tienen en sus manos la posibilidad de lograr que vivamos en una ciudad limpia, bonita, alegre y cívica como siento que es la capital tinerfeña. Está en mis manos, pero también en las suyas, que en Santa Cruz se dejen de romper ranas, destrozar fuentes, pintarrajear bancos de madera, quemar contenedores de basura, etcétera y que, en general, se deje de ensuciar la imagen de la ciudad.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife
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