Cuando escribo esto, todavía es agosto. Anteayer, seguía siendo agosto. Qué agosto tan raro este. Cómo ha jugado al despiste. El ciruelo del patio lo tengo en flor. Apenas un par de días se atrevió a perseguirnos con ese sol de justicia tan irrespetuoso como habitual otros años. Agosto es un mes homicida que, a falta de una jornada, se ha llevado ya -sin billete de retorno- a cinco personajes populares en un puñado de días. Nicolau Casaus, Emma Penella, Francisco Umbral, Antonio Puerta y José Luis de Vilallonga. El que fuera el mejor embajador del Barcelona y de Cataluña en los palcos de los estadios españoles y europeos tenía ya 94 años, la actriz se fue con 76, el premio Cervantes con 72, el marqués -y Grande de España- sobrepasaba los 87 y Puerta, sólo 22.
La muerte de este último, quizás por la forma en que se produjo, ante una multitud de miles de personas y con las cámaras de televisión en directo ha sido sin duda la más dramática de todas. Que le falle el corazón a un atleta profesional en la plenitud de su vigor físico impresiona especialmente, sin embargo, no parecería suficiente -ni siquiera por morir a esa edad en la que se disfruta absolutamente de todo- como para eclipsar, como así ha ocurrido, a toda una figura de la literatura y del periodismo como Francisco Umbral, con quien coincidió en fecha. Imagino el cabreo que don Paco tendrá por allá arriba. Si se fue del plató porque no hablaban de su libro? no sé qué santos habrá bajado del cielo por tan sonada ignorada.
Es el fútbol, don Francisco. Ese chico era futbolista y eso es mucho más importante de lo que la gente cree. Aunque parezca tonto decirlo es así. El fútbol, que acaba de regresar, hace que hablemos menos de hipotecas, incluso de atentados y hasta es un bálsamo infalible contra esa especie de melancolía que nos entra cuando se acerca el final de las vacaciones. El fútbol aplaza zozobras y angustias. No puede uno andar siempre metido en cuestiones metafísicas. Tal vez ese sea el secreto. Ese chico de Sevilla que se fue era futbolista y como tal es de todos. Parafraseando a Relaño, "un héroe del estadio, un muchacho que ha cautivado nuestra imaginación, que ha puesto su talento y dedicación al servicio de un espectáculo hermoso y arrebatador, que llena nuestras horas, nuestro calendario, las pantallas de nuestros televisores y el sonido de nuestras radios".
El fútbol no es correr tras una pelota como borregos. El fútbol es una guerra sin sangre en la que nadie quiere destruir a nadie y por eso, cuando hay una baja real, nos aturdimos y sentimos desolados.
El fútbol me apasiona y me divierte. Divertirse es ampliar las posibilidades de olvidar. De vivir en una nube sin gravedad. De gozar con la incertidumbre y la genialidad. Es posible que, si tuviera que hacer balance de verdad, le deba más gratitud a los Ronaldinho, Messi y compañía que a lo más florido de la intelectualidad.
Que todos descansen en paz. Al fin y al cabo, el dolor que no se borra sólo se graba en sus familias y amigos. A todos nos dejan su obra (libros, goles, películas?), lo único que no se llevará el viento del olvido. Gracias a todos por ayudarnos a ser lo que somos, a aligerarnos el peso de la existencia que no siempre es liviano.
P.D. Mi recuerdo entrañable también para los hermanos "De la Viuda". Amigos de infancia que en las vísperas de agosto perdieron a su madre.
Feliz domingo.
adebernar@yahoo.es
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