Gracias, Antonio Puerta
Para los que decían que el fútbol es de bárbaros, que los aficionados son unos locos y que sólo hacen sino dar patadas... ¡qué grande es el fútbol! Pero qué triste que sólo se vea cuando ocurre una desgracia, pero ¡qué grande es el fútbol! Dos eternos rivales juntos y unidos como hermanos, consolándose mutuamente, ¡qué grande es el fútbol! Un país conmocionado y unido, catalanes con madrileños, valencianos con mallorquines, gallegos con andaluces, vascos con navarros y todos sevillistas, todos hablamos la misma lengua, la española ¡qué grande es el fútbol!
Gracias Antonio por provocar esto, siempre estarás en nuestras memorias, eres el nuevo héroe del fútbol. ¡Qué grande es el fútbol!
Iñigo de Alfonso Mustienes
Señales (turísticas)
El Secretario de Estado para el Turismo ha puesto el contrapunto a nuestras idílicas encubridoras estadísticas. Seguramente el que lo haya hecho ahora, y no antes de las elecciones autonómicas, es pago en moneda caliente de los cabezazos asentidores a todos los disparates que vengan de la Metrópoli. Si esto es así, ni siquiera nos produce a nosotros beneficios el seguimiento de políticas a las que nos deberíamos de haber opuesto frontalmente, y hemos hecho un seguidismo perruno.
En Canarias, y la nombra especialmente, baja en casi un 4% el turismo. Suelo repetir siempre que puedo en mis intervenciones sobre turismo en la radio, que si sabemos los canarios de qué vivimos. Yo no estoy tan seguro de que lo sepan todos, ni siquiera una mayoría. Si así fuera, otro gallo nos cantaría. Y nos canta éste. El que les insinúa que vivimos de lo que ellos nos desmigajan en las mesas y se les cae de sus banquetes.
Bien, pues casi un 4% de bajada, necesitando un 4% mínimo de subida, y contando con un 2 ó 3% más de camas, según se mire a lo real o alternativo, es un montón. Pues si bien estamos en regresión, estamos en agotamiento de destino, estamos fuera de las tendencias turísticas, no es que dejamos de crecer, retrocedemos, y no hay planes, de emergencia, alternativos, ni de evasión. Cogidos, rodeados y mirando para el que reparte los bollos hasta que se acaben. ¿Es esto una señal, o les hará falta el canibalismo? Ya no se construye, quizá no se note aún, pero lo que queda es el reflujo, la onda que no ha parado, la piedra que provocaba el expansor, ya nadie la arroja, en poco tiempo, la quietud, espero que no del cementerio, nos envolverá. ¿De dónde sacar para tantos que quieren destacar? Nos atornillarán más, seguro. "Optimizar las recaudaciones". Gritan. Ayudarnos a sobrevivir, nada, seremos las gallinas de las últimas comilonas, cuando ya no haya más huevos. ¿De qué se va a vivir? Estamos creando monstruos de incompetencia, no hay nadie, ninguna figura, ningún erudito, pensador, emprendor, sabio o rector que esté en el candelero político.
Mediocres apandadores, trepas chapoteadores y "disebobadas" peristálticos.
La maté porque era mía, y bien muertita que está.
A reflexionar, aunque tarde.
L. Soriano
David Coperfield y la nueva plaza de España
Justito, justito en la fachada del Casino, que da al levante, se estaba construyendo (ahora está parado), un singular edificio, al que entre otras denominaciones, he leído y también oído llamar como mamotreto, bunker, adefesio, trasto y el que más me ha gustado es el de "la cosa esa". Si lo que se pretende es tapar la vista de la antigua Alameda, que se ha reproducido, el éxito es total, pero, caso contrario, si se ha reproducido la antigua entrada, entonces, lo racional sería no poner nada delante, para conseguir más vistosidad. Claro está que esta es la opinión de un jubilado chicharrero, y no de un arquitecto suizo. A mí me la impresión de que en esta cuestión, o sobra el bunker o la fachada; ambas no pueden convivir, así de claro. Soluciones creo que las hay, y yo me atrevo a insinuar una. Se trata de que aprovechando la estancia del mago David Coperfield, como figura en los próximos carnavales, hablarle para que retoque su conocido número de desapariciones. Me explico: Todos hemos visto a través de la tele cómo este mago hace desaparecer aviones, trenes, acorazados y hasta la mismísima Estatua de la Libertad, que luego vuelven a su sitio; yo propongo que haga ese número de la desaparición del susodicho bunker, pero con la variable de que no pueda volver a reaparecer. Me da la impresión de que sería una noticia bomba publicitaria mundial, y ya, metidos en gastos que metan, abrazados al bunker, a los responsables de esta barrabasada.
Alfonso Hernández Suárez
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