LA ELEGANCIA DEL FILÓSOFO, decía Ortega, es la claridad. Creemos nosotros que en cualquier actividad lo que marca, entre otras cosas, la elegancia es la claridad.
Queremos -no sabemos si vamos a conseguirlo- ser claros en este delicado tema del Consejo General del Poder Judicial.
Nunca ha ejercido el Consejo General como si fuera un poder del Estado, como uno de los tres poderes del mismo. Así como el Ejecutivo es el Gobierno salido de las urnas, y el Legislativo son las Cámaras (Congreso y Senado), el Judicial, que debiera estar representando por el Consejo General, no ha actuado nunca como tal poder.
Por eso, de los tres poderes que constituyen el entramado de cualquier Estado moderno, desde Montesquieu, sólo dos han funcionado como tales, porque el Judicial está interferido por el Legislativo, al existir un Ministerio de Justicia (Ejecutivo), con competencias que debieran estar atribuidas al Consejo General.
Un Consejo que ha nacido con las piernas quebradas, porque sus miembros, sus componentes, han de ser elegidos por los partidos políticos, con representación parlamentaria, y su número debe de estar en función de los parlamentarios que tenga cada formación política, por lo que ahora hay más miembros en ese Consejo General del Poder Judicial designados por el Partido Socialista que de ninguna otra formación política, precisamente por ser los socialistas los más votados en las pasadas elecciones.
Esto, como se comprende al sólo enunciarlo, no resiste la más leve crítica. Es necesario cambiar este sistema de elección. Cualquier otro -ya en su momento expondremos nuestra particular versión- siempre será mejor que el actual.
La Justicia debe de estar libre de toda sospecha. Contribuyamos entre todos a alejar cualquier posibilidad de ella. Que nunca se pueda pensar en ayudas, o en influencias malsanas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD