ESPAÑA SE HA VUELTO A QUEDAR SOLA en el control de las fronteras marítimas africanas, desde donde parten los cayucos repletos de inmigrantes en dirección a las costas de Canarias. Esta misma semana se confirmaba este nuevo fracaso del Gobierno socialista a la hora de convencer, de hacer entender, en el seno de la Unión Europea, la importancia de establecer un sistema de vigilancia permanente frente al archipiélago.
En consecuencia, España se ha queda do sola a pesar de las promesas que hemos escuchado al Gobierno y en particular al ministro del Interior, el señor Rubalcaba, de que finalmente Europa mantendría un dispositivo específico. La verdad es que las unidades que se encuentran operativas desde mediados de agosto son españolas, tras la retirada progresiva de los efectivos comunitarios que se consumó con el regreso de los medios que había puesto a disposición Italia. En concreto, un avión y un buque. El saldo, por tanto, de la operación desplegada en su día por la Agencia Europea para el Control de las Fronteras Exteriores (Frontex) en las aguas comprendidas entre Canarias y el continente africano, resulta desalentador.
En su momento y después de numerosas oleadas de cayucos que arribaban a Canarias, el Gobierno socialista logró un acuerdo en Europa para que la Agencia desplegase un dispositivo al que concurrieron con medios materiales y humanos distintos países de la Unión Europea. Más tarde se nos informó de que España pondría toda la carne en el asador para que ese dispositivo, de mayor o menor dimensión dependiendo de los flujos de cayucos, tuviera un carácter permanente. Incluso desde el Gobierno de Zapatero se nos aseguró que la Comisión Europea acordaría en el curso del verano que esa promesa fuese finalmente una realidad.
Ahora, meses después, volvemos a estar casi donde comenzamos. Si bien es cierto que el Gobierno ha mejorado algo los recursos que destina al control de las fronteras marítimas de Canarias, como es su obligación, igualmente cierto es que España ha fracasado en su promesa de convencer a la Unión Europea de que la inmigración irregular es una prioridad de los 27 estados miembros y requiere, entre otras, de medidas disuasorias, como la presencia de unidades navales y aéreas en las zonas más calientes como Canarias.
Para colmo y quién sabe si para ocultar este fracaso continuado del Gobierno socialista en Europa para que se atiendan los verdaderos problemas de los españoles, acude a las Islas el ministro Rubalcaba para presentar a bombo y platillo la entrega de una nueva embarcación destinada a mejorar el control de la inmigración. En principio parecía una buena noticia pero después de escuchar las críticas de la propia Guardia Civil, una no sabe ya qué pensar.
Dice la Asociación Unificada para la Guardia Civil que esta nueva embarcación, de nombre Río Miño, no es realidad sino un viejo pesquero japonés de casi 25 años de antigüedad reconvertido ahora a patrullero. Señala la asociación de guardias civiles que la decisión de comprar este barco, en vez de un verdadero patrullero, responde a la intención del Gobierno de ahorrar dinero, lo que no ha evitado que nos gastemos más de 7 millones de euros para adaptarlo a sus nuevas funciones de vigilancia de la inmigración irregular.
La historia no acaba ahí. La asociación advierte también de que la nueva embarcación apenas sí supera los 10 nudos de velocidad de crucero, con lo que su capacidad de reacción en el mar es puesta en duda. A las deficiencias descritas se une el hecho de que la Guardia Civil, a quien va a ser entregado el barco, no tiene en sus plantillas titulados en navegación oceánica, por lo que la mayoría de la tripulación la compone personal civil y la representación de la Benemérita será simbólica cuando la embarcación esté patrullando en el océano.
En un relato más propio de Mortadelo y Filemón que de una cuestión de seguridad nacional como es el control de las fronteras exteriores, la asociación desvela que a los civiles que dirigirán la nave se les ha buscado un uniforme parecido a los de la Guardia Civil, no sé si denominarlo camuflaje, para que el asunto no llame la atención.
Y de esta forma los canarios comprobamos una vez más que, lejos de las declaraciones solemnes y los compromisos a los que nos tiene acostumbrado el presidente Zapatero y su Gobierno socialista, a la hora de la verdad no se toman en serio los problemas reales que tenemos en nuestro país. Ni en su política interna ni en su política internacional.
Es difícil explicar cómo a estas alturas y después de más de dos años de oleadas de cayucos que llegan a Canarias, que es España y es Europa, las aguas comprendidas entre las Islas y África están vigiladas exclusivamente por medios españoles, que además de insuficientes resultan obsoletos, como hemos visto. Triste es que se siga sin comprometer a toda la Unión Europea con un problema que no es de los canarios sino de todos los europeos, pero más triste es que el propio Gobierno de tu país ande regateando y ahorrando en lugar de afrontar la inmigración con la energía y la firmeza que la cuestión merece.
* Presidenta del Partido Popular de Tenerife
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