EL DÍA, S/C de Tenerife
Días pasados tuvo lugar, en la villa de Guadalupe (Cáceres), la despedida a quien durante estos últimos seis años ha sido párroco de Santa María de Guadalupe. El padre Arenas, anteriormente, fue superior del Santuario de San Miguel de las Victorias en La Laguna, donde se venera al Santísimo Cristo y donde dejó una imborrable huella durante los años de su ministerio hasta el punto que la ciudad de Aguere le honró con dar su nombre a una calle cerca del Santuario.
En la homilía de despedida, el padre Arenas manifestó su traslado a Mérida como párroco de San Servando y San German y como superior del Convento de San Francisco de Asís en dicha localidad. "Han sido muchos los días en los que hemos sido partícipes de la vida. Por eso, aunque esto de los traslados en nosotros, la familia franciscana, ha de verse como algo frecuente, también ha de verse como algo muy normal cierta emoción por dejar tras de mí proyectos, ideas y personas. Pero, ¿qué se le va ha hacer? Éste es uno de nuestros grandes valores: La obediencia", expresó el padre Arenas.
Entre sus actuaciones durante estos seis años, aparte de revitalizar la parroquia, ha trabajado intensamente en varios proyectos como la cesión de la antigua casa de las Hermanitas (CEDA), que era propiedad del Arzobispado de Toledo y cedió a la Asociación de Discapacitados de Las Villuercas. También realizó la clasificación y ordenación del Archivo Parroquial, la revitalización de las romerías y fiestas populares, así como de las misas en las calles, para el acercamiento a los feligreses.
Obsequios
Después de la parte religiosa, los vecinos de Guadalupe le ofrecieron un emotivo homenaje en la Hospedería del Real Monasterio al que asistieron mas de doscientas personas. Al finalizar la cena, recibió obsequios en muestra del cariño y la gratitud de los lugareños ante la partida de quien ha sabido conducir y acercar la parroquia a los fieles para marchar unidos en la consecución del amor entre hermanos.
Sirvan estas líneas para felicitar al padre Arenas por su extraordinaria labor tanto en Guadalupe como en Tenerife y en los distintos puestos que ha ocupado dentro de la comunidad franciscana, sobre todo volcado en el trato humano y desinteresado hacia las personas que han requerido su favor.
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