No quiero ponerme cursi, y mucho menos echármelas de culto, porque ustedes saben perfectamente que no soy más que un modesto ajuntaletras, e incluso, a juicio de una ciberpibita que me eché ahí más atrás en Internet, un obseso de las subordinadas y yuxtapuestas. Deben ser éstas, me supongo yo, dos posiciones inéditas, premeditadamente escondidas por la Doctora Anchoa -redactora-jefa del "Kamasutra"- entre algunas de las leves postdatas del reputado mapamundi sexual. Y son éstas, yuxtapuestas y subordinadas, posiciones amorosas que yo jamás adopté, independientemente de lo que pudiera decir aquella despechada ciberpibitamía; verdad como puñete que además, en su caso y si fuere menester, estaría dispuesto a jurar por Cristo Marrero ante el mismísimo Tribunal de La Haiga.
Ante la perspectiva del estreno balompédico de esta tarde en el Heliodoro`, y aguardando paciente o impacientemente la hora del partido entre el campeón Cádizy el subcampeón Tenerife (según vaticinio y deseo de nuestro célebre Raúl Trabas, porterito de profesión y puñalada de vocación), insisto en revalidarme ante ustedes como un simple ajuntaletras. En mi subcondición de mago urbanitas, como me conceptuó mi amigo José Manuel Bermúdez, vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife, buscaré un mensaje de esperanza para ustedes, y, esta vez, me apoyaré en la sensibilidad del poeta y dramaturgo alemán Johann Wolfgang Goethe, quien caviló que "todo comienzo tiene su encanto".
Reconociendo mi indiscutible torpeza para interpretar a otros integrantes del movimiento cultural, político y científico del Romanticismo del siglo XVIII como Jean Jacques Rousseau, Víctor Hugo, Lord Byron o el propio Raúl Babas -torpeza que incluso podría validar adjuntando algún dato estadístico personal-, libero de cualquier tipo de responsabilidad a mis educadores; en primerísimo lugar, a mi admirada amiga y vecina Doña Esther Díaz, docta enseñante, entrañable maestra, ilustre chasnera, y, por supuesto, oráculo amable de tantos sanmigueleros; a mis inolvidables padres salesianos de la Villa de La Orotava, que me dieron formación humanista, mapamundi y hasta GPS especial para procesiones; al ex clérigo Don Carlos Bethencourt El Bemba, heredero de la filosofía inquisitorial, quien me venía con el cuentito de que me saldrían bichos en la boca para que no dijera palabrotas, y, con esa excusa, que le servía para desahogar el encochinamiento que le producía su limitación de célibe y su nulo margen de maniobra coital, asarme a hostias diariamente.
Es éste, el reconocimiento de mi condición esencial de ajuntaletras, un acto de autocrítica con el que quiero brindar hoy al eximio Alfonso Serrano Alfonsín, y, especialmente, a su compadre José Luis Ostras Pedrín. Es ésta, fundamentalmente, una manera dulce pero también socarrona, de ajeitar al nuevo alquilino del banquillo del Heliodoro para que limite su godismo, en cuanto da un tufo total de gobernador de las Jons, y, nos sorprenda con la alineación de algún aborigen.
Si Juanma no se recupera, por ejemplo, pediría a Míster Ostras se abstuviera de producirle infiltraciones testiculares y torturas del género, porque Pablo Sicilia, que jugó 38 de 42 partidos durante el pasado Campeonato sin que el club fuera denunciado por "alineación indebida", también es central de profesión. Si un jugadorazo como Iriome tiene su hábitat natural en la banda, lo alinee, hombre, por favor, aunque le haya cogido tan extraña antipurria al Drago centenario, y, en todo caso, se abstenga de pedir favores y abusar de la amabilidad de futbolistas naturales de la biosfera de la media punta como Santos. Si N'Diaye no está en su mejor momento, porque alguna bruja de Toulouse le hizo maldiojo y el chico tampoco pudo aceptar la excusa del pintor que no pintó un centrocampista como él, Míster Ostras debe evitar el parricidio balompédico de recluir en el banquillo a un fenómeno parasicológico como Ricardo, que aún en su condición de ultraperiférico, es ciudadano europeo y no ocupa plaza de extraguiri.
Es verdad que las cosas hay que pedirlas con educación, porque, coño, el godo también tiene su corazoncito, mujer.
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