ES MUY POSIBLE que cuando se publique esta columna mucha gente haya terminado su periodo vacacional y otros, tal vez, estén a punto de terminar. Después de, más o menos, un mes de descanso sosegado, puede resultar algo desagradable tener que incorporarse de nuevo al trabajo.
Aunque a más de cuatro les oí decir, a finales de agosto, en la zona de fumadores del aeropuerto de Barajas, "a ver si por fin terminan la vacaciones, y uno se puede ir tranquilito al trabajo, fumarse un pitillo y tomarse una cerveza fresquita en una terraza, en paz". La cosa no era para menos porque los había con cinco o seis horas de retraso en el vuelo, las maletas perdidas y haciendo cola para todo; y para fumar un pitillo, había que hacerlo en un 'cuchitril' sin asiento, ni la suficiente ventilación, y con la sensación de estar en una de aquellas cámaras de gas de un campo de exterminio. No digamos la gente que venía de Barcelona.
Salvo estos casos 'excepcionales' de los que han tenido que soportar la tortura de los aeropuertos, que por otro lado se dan con frecuencia, volver al "tajo" cuesta. Y es normal, bastante normal, que los primeros días cueste y resulte ligeramente incómodo volver a la oficina, al taller, o al quiosco. Lo del "síndrome postvacacional" me parece, más bien, un invento de los americanos o de determinados medios de comunicación que se empeñan en 'psicopatologizarlo' todo. La cosa pienso que no es para tanto.
Como escribe mi querido amigo y profesor, José Benigno Freire, -doctor en psicología y catedrático de Teoría de la personalidad de la Universidad de Navarra- en una de sus publicaciones sobre el síndrome postvacacional: "todo esto es un poco exagerado, le sacamos chispa psicológica a lo más normal". Después analiza los principales motivos por los que aparece este síndrome tan actual: "Mucha gente no sabe descansar. Cree que el descanso está hecho para disfrutar de la vida, y el trabajo es atroz para el resto del año". De ese modo, "muchos llegan al trabajo cansados y desentrenados. Las vacaciones sirven para remansar fuerzas para el resto del año. Si uno lo piensa bien, se disfruta más con el trabajo, pues las vacaciones son un mes y el trabajo once".
Estoy de acuerdo en que las vacaciones son para recuperar fuerzas y estar psicológicamente bien el resto del año; pero si uno lo ha pasado bien y ha disfrutado, siempre se hacen algo cortas; a mí me suele pasar. En cuanto a los once meses de trabajo, si descontamos los 'fines de semana', y las otras vacaciones de Navidad, Carnavales o Semana Santa... aunque cortas, son muy "socorridas" y así los once se hacen más llevaderos.
Aunque, a mi modo de ver, lo que realmente hace más llevadero el trabajo y lo que hace que muchos lleguemos a disfrutar y pasarlo bien, es que es el medio más digno y humano de ganarse la vida y poder sacar la familia adelante, -por lo que siempre es bueno que, de vez en cuando, nos suban el sueldo-; el trabajo, también a algunos les da para aumentar el patrimonio y, a otros, poco más que para amortizar la hipoteca antes de que llegue el final de los tiempos. Pero lo que realmente puede hacernos verdaderamente felices es realizar nuestra labor profesional, con amor y por amor a los demás, dándole un sentido más humano y trascendental.
Tal vez con estas consideraciones o ideas pueda resultar algo más agradable, e incluso hasta apetecible, volver a nuestro quehacer diario. Tampoco se trata de volverse loco trabajando y querer poner en orden todo el primer día -y sobre todo si uno es jefe-, es mejor empezar despacio e ir cogiendo el ritmo, para después mantenerlo, y respetar también el ritmo de los que con nosotros trabajan. Lo importante de las vacaciones es que han hecho posible el descanso del organismo y su capacidad de recuperación. Si hay cansancio después del trabajo de las jornadas posteriores a las vacaciones, hay que lograr orden en el descanso e intentar dormir bien. De esa forma, a la mañana siguiente volveremos a encontrarnos con el ánimo renovado de reiniciar el trabajo y con la ilusión hacer las cosas bien. Lo que resulta muy recomendable para la autoestima y el equilibrio emocional, que en la actualidad tanto nos preocupa. De lo contrario, lo mejor es ir al médico
* Orientador Familiar
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