LA ELECCIÓN LEGISLATIVA de este viernes en Marruecos suscita más emoción, y hasta un poco de morbo, fuera del país que en el reino norteafricano: asumido que los islamistas pragmáticos serán los ganadores morales y políticos, y tal vez los más votados, termina toda dramatización. Los islamistas no llegarán al poder
En realidad, lo sucedido con el Partido de la Justicia y el Desarrollo (el mismo nombre que sus colegas turcos, en el gobierno en Ankara) es un producto del gran laboratorio político jerifiano en el que el rey es el factor clave, aunque Mohamed VI haya ampliado el margen de juego, oxigenado la vida social, fomentado la reconciliación nacional y abolido ciertas corrientes en el largo reinado de su padre, Hassan II.
El PJD recoge gran parte del islamismo político: desde la inquietud semi-insurreccional de las universidades en los setenta (en las que se fogueó su actual líder, Saad Eddin el-Othmani); la Gamaa Islamiya, semi-terrorista; el largo periodo del doctor Adelkrim Jabib (Movimiento Popular Constitucional y Democrático), que gozaba de la confianza de Hassan y creó los llamados islamistas de Su Majestad, y el Movimiento de la Unicidad y la Reforma, inspirador del partido hasta el V Congreso, que vio la toma de control por Othmani y su equipo.
Los 42 escaños de ahora (de un total de 325) serán muchos más, tal vez hasta el doble según informes particulares sin contraste en encuestas (aún se recuerda el sondeo de un instituto norteamericano que el año pasado predijo cerca de la mitad de los votos para los islamistas), pero ni siquiera eso garantiza un cambio. Muchos militantes islamistas y todo el sector liderado por el influyente Mustafá Ramid saben que Palacio los prefiere jugando el juego institucional que en la oposición.
Habría una fórmula intermedia que, en primera instancia, no desecha el propio el-Othmani: una coalición de gobierno reducida y fuerte con los islamistas en carteras de peso y con un programa severo con tiempo tasado para luchar contra la pobreza severa y la corrupción y, si se dejan los socios, ver de hacer de la sharía una fuente central o la referencia insoslayable de la legislación general lo que según algunos observadores ya está vigente.
Esto es improbable y dependería de un acuerdo explícito rey-Saad Eddin, que lo es más aún. Conclusión: el auge islamista será claro y muy digno de estima, la participación, baja (prueba de que persiste la desconfianza en el sistema), los islamistas duros de Justicia y Caridad se abstendrán en su gran mayoría y todo seguirá más o menos igual.
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