EL AÑO TURÍSTICO no está siendo especialmente bueno para Canarias, pero en La Palma resulta preocupante. Según han desvelado los propios responsables públicos del sector en la Isla Bonita, el descenso sufrido entre enero y julio de este año en comparación con el mismo periodo de 2006 es nada menos que del 10%, lo que representa la pérdida de unos 20.000 visitantes. Lo inusual de esta situación es que los propios mensajeros de la mala nueva aportan las causas del descalabro: la coyuntura general, que es bajista, las deficiencias de las conexiones aéreas y la falta de infraestructuras que padece la isla.
Descrita la situación y sus causas, tenemos que decir que nos duele. La Palma no es sólo una de las islas económica y socialmente menos desarrolladas del Archipiélago (inexplicablemente), sino que es también de las más bellas, y eso es -debería ser- un aliciente de primer orden para atraer visitantes. En concreto, y abundando en este punto, pensamos que es la segunda isla más hermosa, después de Tenerife, y seguida de La Gomera, El Hierro, Lanzarote, Canaria y Fuerteventura. Estas tres últimas, la verdad, no han sido muy bien dotadas por la naturaleza en cuanto a vegetación. En una vista aérea sólo se divisan algunos manchones verdes y huertas, como es el caso de la Vega de San Mateo, pero la generalidad es sequedad y suelo desnudo. Lanzarote, gracias a la mano de César Manrique, ha logrado hacer de la aridez una forma propia de belleza; en cuanto a Fuerteventura, su fuerte son las playas, que compiten con las de Las Palmas y hasta las superan,
Pero, volviendo al descenso turístico en La Palma, nos preguntamos: aparte de los problemas señalados, ¿no fallarán también las personas encargadas de dirigir el sector turístico?; las promociones en el exterior ¿son las adecuadas? No sabemos, sólo son apuntes para reflexionar. Lo que no se le pueden negar a la llamada, precisamente, Isla Bonita son atractivos naturales, que han conseguido canalizar hacia sus paisajes a numerosos amantes de los deportes al aire libre o simples caminantes de senderos. Lo que resulta incompresible es que, a estas alturas y habiendo tenido el Gobierno de Canarias un consejero oriundo de la isla durante años al frente de las obras públicas, La Palma siga adoleciendo de falta de infraestructuras adecuadas. Otras cuestiones que también influyen, aunque nos constan los esfuerzos que se realizan desde hace años, son la escasez de enlaces aéreos con la Península y la inexistencia de un punto fronterizo en la isla para que puedan entrar directamente turistas desde el extranjero, por barco o avión. Queda mucho por hacer.
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