HOY, MI SUSTITUTO, hace una referencia muy apreciativa a un bastón y al personaje que lo usó. Hay tantos bastones y tantos que lo usan. Pero éste es algo muy singular y más por el estilo con que lo mostraba en todos los momentos. Estas referencias nos las relata con verdadera precisión y sencillez. Amigo lectores, os dejo con él.
"El bastón de san Juan de Dios". "En realidad, nos dice, usó o le hicieron usar bastante más, no porque los tuviera de repuestos, sino porque las buenas gentes, tan pronto como observaban que había llevado uno cierto tiempo, se lo cambiaban por otro nuevo y se quedaban con el usado, a modo de reliquia. Algo así como si hubiera acumulado la suficiente fuerza y virtud con sólo llevarlo en la mano. Hay quien cree que los objetos que rodean habitualmente a una persona absorben de ellas un algo peculiar que persiste aun en ausencia de la misma".
Al bastón de san Juan de Dios le atribuyeron poderes traumatúrgicos no por sí mismo, sino por la relación que tenía con su persona. Fue instrumento de prodigiosas curaciones, favores a mujeres en trance de dar a luz, buena suerte en las empresas dignas. Hoy como están las cosas, seguramente resulta más saludable interrogarle, como si oyera o hablara, si en sus continuas caminatas pesaba más, al apoyarse, cuando aceleraba el paso o cuando se detenía en la contemplación mística. De igual modo, saber leer en él las huellas impresas de aquel empedernido buscador de Dios, que fue su dueño. Es san Agustín el que dice que "busca a Dios aquel que ya lo ha encontrado". Ya ama quien de veras quiere amar, espera el que posee algo, aunque no todo. Y está visto que a Dios siempre que se le busque se le encuentra.
La madera resistente, por eso se conserva, del bastón de san Juan de Dios, en su callada, como mango, aparece a trozos como socarrada, acaso porque le quemaban las manos igual que le ardía el corazón, efecto del amor divino o caridad. Nunca blandió el bastón a guisa de arma defensiva, y menos en tono amenazante. Eso sí, se sirvió de él para transportar tullidos y ancianos, para sostener al desvalido, para apuntalar el propio cuerpo, desmoronado de tanto hacer el bien a los demás. Nada de impedir el paso a nadie con la vara, y jamás de los jamases medirle las costillas. Uso exclusivo para caminar como apoyo hacia delante en busca de Dios y para levantar como palanca al hombre caído, lo cual es lo mismo.
Mira tú por dónde, el bastón de san Juan de Dios lo que viene a revelar al experto en caridad cristiana de todos los tiempos: poner de relieve los rasgos fundamentales del cristiano, válidos en cualquier época, sean cuales fueren los condicionantes históricos, saca a relucir la caridad universal, en todo y para todos. Esta palabra, caridad, tan hermosa, puede parecer gastada, como la cachaba destrozada de tanto caminar, pero más erosionado está el vocablo amor, bello también, que puede llegar a confundirse con cualquier cosa, de tanto circular. Tratándose de san Juan de Dios ha de prevalecer la caridad, y de qué manera entendida, como que lo abarca todo, incluida la totalidad de la justicia y como las máximas exigencias, respuesta a todos los desafíos del humanismo y solidaridad, ley de leyes, la clave de toda ética. Es el amor original cristiano, que sabe dar sin confundir, darse sin alarde alguno, compartir los bienes con el necesitado como la cosa más natural, transformar sin revoluciones, violentar por dentro sin violencia, renovar sin amargura, dar la cara a todos sin volver la espalda a nadie".
¡A qué metas tan maravillosa se llega, para el bien de todos, con esta sola palabra, la caridad, y con este medio tan sencillo de la naturaleza para mantenerse en lo humano y en lo divino, Pero, para alcanzar estas metas sólo hay un camino, señalado para todos tiempos y para todas las personas. Es lo que nos dará a conocer mi Sustituto el próximo miércoles. Hasta entonces, amigos lectores.
* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD