HA DICHO Paulino Rivero que el Estado español, que Europa y que nosotros mismos -se agradece el pelín autocrítico- habrán fracasado, habremos fracasado, si nadie es capaz de frenar la avalancha no ya de inmigrantes que nos llegan de África, sino la otra trágica avalancha: la de los muertos que quedan en el mar, al borde de nuestras costas, a un paso de sus sueños ahogados, a veces, en el momento mismo en el que parecía que iban a hacerse realidad...
Paulino, cuando se pone dialécticamente demagógico, es la leche. Y suele ponerse. Seguramente porque piensa que aún está en el Parlamento, como portavoz de un grupo nacionalista y tiene la obligación de sacar pecho de vez en cuando. Pero, ahora no es portavoz, sino jefe de un Ejecutivo autonómico y está ahí para resolver los problemas que nos afectan y para colaborar con quien sea en su resolución, si las competencias no están en sus manos. Ha pedido don Paulino una entrevista con Zapatero para hablar de estas cuestiones y -asegura- para explicarle al presidente de la nación cómo puede encararse el drama de esas muertes. Y evitarlas. Que ZP esgrima una agenda apretada para negarse a recibir al presidente de esta Comunidad es para agarrar una calentura, ciertamente. Y para poner a parir a un señor que rechaza cita crucial mientras se pasa el día de mitin preelectoral en mitin preelectoral -¡desde ya, desde tan temprano!- y haciendo promesas sociales que su ministro de Economía se encarga de chafar, porque no hay dinero, porque no hay perras, porque no hay presupuestos para cubrir las necesidades de una Jauja construida a golpe de bienintencionadas ocurrencias. De todas formas, si Paulino tiene, verdaderamente, esa solución taumatúrgica de la que habla, que la exponga públicamente. Sólo por aportar una idea tan brillante para solventar uno de los más graves problemas a los que se enfrentaN ahora mismo Occidente en particular y la Humanidad en general, el maestro sauzalero podría alcanzar, sin duda, el premio Nobel de la Paz. Sin duda alguna. Sin embargo, todos sospechamos que Paulino no tiene solución alguna.
Pero en algo sí hay que darle la razón a nuestro presidente: en lo que se refiere al fracaso de Europa. Europa, en efecto, fracasó en África, pero históricamente. Fracasó rotundamente en su política colonial y, después, en sus políticas descolonizadoras. De las aguas de aquellos errores y de aquellos egoísmos y de aquellos robos masivos de recursos y riquezas, de los ríos de aquellas arbitrariedades, injusticias, tropelías y hasta matanzas, y de los torrentes rectilíneos perfectamente trazados de unas fronteras estúpidas, ajenas a las realidades culturales, económicas y étnicas de un continente esquilmado, vienen ahora al completo los lodos de todos nuestros problemas con la inmigración imparable. En el pecado del pasado llevamos la penitencia de la angustiosa situación presente. Si Paulino Rivero tuviera la fórmula para detener este proceso histórico, a la mañana siguiente se despertaría con una resaca formidable.
josechela@mojopi.com
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