JUSTO CUANDO el Gobierno abre ostensiblemente las arcas del Tesoro a una serie de gastos sociales, el gobernador del Banco de España afirma que, en estas circunstancias, el incremento del gasto público no le parece "prudente". Las hipotecas "locas" de Estados Unidos están produciendo en Europa, además de algún susto concreto (en Gran Bretaña), una cierta incertidumbre financiera, por lo que lo más sensato sería esperar a ver qué pasa, siguiendo el consejo del gobernador de nuestro banco central, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, a quien desde siempre se le conoce por sus siglas, MAFO. Un principio inglés ya advierte de que en situaciones confusas lo urgente es esperar.
Aunque se viva en España una situación de incertidumbre sin pesimismo, se hacía conveniente la comparecencia en el Congreso de Fernández Ordóñez para transmitir oficialmente un mensaje de tranquilidad a las bolsas, a las empresas, a los inversores y al gran público. El mensaje ha llegado a los destinatarios con meridiana claridad, pero envuelto en las reservas con que todo buen economista empaqueta sus diagnósticos.
Algunas frases entresacadas de la larga exposición de MAFO indican que el sistema bancario español, aunque no sea invulnerable, está muy bien preparado para hacer frente a las turbulencias financieras originadas por las hipotecas trasatlánticas basura. Pero mucha prudencia, porque aún no ha podido medirse el alcance de esa crisis, que no afecta a los países asiáticos, desarrollados o emergentes, sino más bien al Occidente más industrial y próspero, en el que estamos.
Pero la incertidumbre económica, con obvias previsiones sobre cierta desaceleración y menor crecimiento, se hace política ante el horizonte electoral que contemplan los partidos, y ello entreabre la cerradura de la caja fuerte del Estado con anuncios de gasto social por parte del gobierno de turno, y críticas lógicas de la oposición -ayer de los "populares" Rajoy, Arias Cañete y Zaplana- para equilibrar su desventaja. El presidente Rodríguez Zapatero y Carme Chacón, ministra de Vivienda, presentaron ayer al alimón un plan para el estímulo de los alquileres, acompañado de una estimación de lo que va a costarle al Estado, entre ayudas directas y desgravaciones. Como las desgravaciones por alquiler de pisos van a igualarse a las que benefician la compra, Hacienda dejará de percibir unos 348 millones de euros, mientras que las ayudas al pago de alquileres, de inquilinos con trabajo y menores de 30 años y a las fianzas requeridas por el arrendador supondrían un gasto directo de 436 millones.
Como es natural, a Rajoy le parecieron estas medidas "parciales" e "insuficientes", porque lo bueno es bajar el IRPF y las retenciones, mientras que Arias Cañete matizaba más su crítica, y Zaplana, siempre en su sitio, señaló el problema de nombrar a un miembro del Partido Socialista para un cargo de esa naturaleza, "y es que no tiene la credibilidad que necesita un gobernador del Banco de España". Convendría añadir que la credibilidad de MAFO es de las más altas del lugar.
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