LA ÚLTIMA NOVELA de la autora chilena Isabel Allende, "La suma de los días", encierra una pequeña sorpresa para los tinerfeños. En la página 319, al hablar de dos mellizas, se dice que una era "rubia y alegre como su madre" y la otra, "morena e intensa como su padre". Y sigue: "Son tan diferentes de aspecto y personalidad que parecen haber sido adoptadas, una en Kansas y la otra en Tenerife". Ignoramos qué conocimiento o experiencia personal lleva a la autora a imaginarse a las mujeres tinerfeñas como prototipo de la morenez y la intensidad, aunque la explicación pudiera estar en la etapa venezolana de su exilio, durante la cual pudiera haber tratado a los que allí llaman "isleños".
Sea como fuere, no cabe duda de que una cita a Tenerife en una novelista de tanto éxito internacional como ésta pone a la isla en el mapa mental de millones de lectores que no sabrían situarnos. Cuando esas personas vean una promoción de esta tierra y el nombre les suene, y lo relacionen con la novela, seguramente se sentirán más animados a dar el paso de visitarnos. En definitiva, la cita de Isabel Allende es una buena promoción de Tenerife, y gratis. Y no es la única. Ya hemos traído a la sección de "Los Mojos de la Última" algún caso más de escritores extranjeros. También existen películas de Hollywood donde aviones en apuros se ven obligados a hacer escala en Tenerife en su ruta entre África y Norteamérica.
Está claro que el nombre de esta isla suena internacionalmente y que es conocido. Que tiene prestigio y que tanto escritores como guionistas de cine lo tienen in mente. Y eso sin necesidad de recurrir a argucias, como llamarse "gran" o jugar a la confusión entre los nombres de Canarias y Canaria. Por cierto, esperamos no perjudicar las ventas de la novela de Allende en la isla redonda ahora que saben allí que no les nombra. Pero, cualquiera sabe. Como se consideran tan internacionales, mundiales, ecuménicos... son capaces de dirigir una queja a la editorial de la escritora para que, en sucesivas ediciones, quite la cita de Tenerife y ponga a su islita. Porque lo que no se les puede negar a las canariones es que pelean por lo suyo, y por lo que no es tan suyo, más que los tinerfeños, que dejan que otros capitalicen los símbolos de la isla, como pasó recientemente con la declaración del Teide como Patrimonio de la Humanidad, y como ha ocurrido con tantas y tantas representaciones de organismos públicos y empresas.
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