TENEMOS DELANTE de nosotros una amarillenta página del lamentablemente desaparecido diario LA TARDE, de Santa Cruz de Tenerife, del día 24 de diciembre de 1966, donde, con la cabecera de "TURISMO" estuvimos publicando durante diez años nuestras impresiones, comentarios y actividades alrededor del incipiente turismo que en aquellas lejanas fechas comenzaba a desperezarse en Canarias.
A cinco columnas de esta edición que comentamos, el titular no tiene ningún tipo de desperdicio, dice así: "San Andrés, la playa de Las Teresitas y su explicable situación actual". El comentario -para ilustrarnos mejor todavía- comienza de esta manera: "La playa de Las Teresitas lleva ya varios años siendo motivo de preocupación principal de los habitantes de Santa Cruz de Tenerife, conscientes del valor turístico que hay que darle a nuestra ciudad". No vamos a entrar en los detalles de lo que en aquellos muy lejanos años -más de 40 años atrás- escribíamos -ahora sabemos que para la historia- ni de las propuestas, comparaciones, previsiones, etc. que entonces hacíamos. Ahí quedaron.
El proyecto que por esos años fuese declarado Centro de Interés Turístico Nacional sobre San Andrés y su playa de Las Teresitas pienso que sólo es un viejo recuerdo?
Cientos de puntos de destino nuevos para el desarrollo del turismo mundial se han puesto en el escenario en esta porción de años. El especialista, técnico en turismo Miguel Ángel González Suárez, comenta en la pasada edición de este periódico EL DÍA (14-09-2007) cómo va el desarrollo mundial del sector y los destinos competidores. La playa de Las Teresitas y sus proyectos siguen ahí.
De todo esto lo preocupante -si es que todavía tenemos capacidad para preocuparnos- es que, no sólo no se hace nada, sino que lo que se hace esta distorsionado, totalmente desfasado de la realidad y lleno de "inventos" desordenados, que sólo han conseguido cargarse las humildes señas de identidad que eran una de nuestros primitivos atractivos turísticos, ejemplos y más ejemplos, que ahora son aprovechados por los destinos emergentes para no caer en las mismas -llamémoslas por su nombre- barbaridades, que en nuestras queridas islas se han cometido y -lo que es más grave- se siguen cometiendo.
Ejemplos tenemos por todos lados, pero para muestra irrefutable por su "presencia activa", solamente tenemos que irnos a la autovía del sur de Tenerife para contemplar las inmensas y llamativas torres del tendido eléctrico que han acabado con el paisaje de la parte limítrofe a la vía, precisamente donde el impacto visual es determinante a la llegada y salida de nuestras visitantes.
Son muchas las personas que nos han contactado sobre nuestro pasado comentario en estas mismas páginas de EL DÍA, sobre este tema, y que titulamos "El crimen del Sur", afirmando estar de acuerdo con los planteamientos que en dicho comentario hacíamos, pero -al igual que nosotros- mostrándonos la indefensión en la cual nos encontramos para enderezar el entuerto? Así nos va.
Contraste verdaderamente curioso, por varias circunstancias, es la noticia aparecida en este diario (01-09-2007), en la cual se informaba de que la concejal del Ayuntamiento de Las Palmas Bernarda Barrios anunciaba que las líneas de alta y media tensión del municipio serán enterradas, para lo cual se invertirán algo así como cincuenta millones de euros, dato que impone detallando hasta los céntimos, lo cual indica lo avanzado del proyecto, el cual tiene como finalidad "mejorar la seguridad y el entorno paisajístico de la ciudad". El Ayuntamiento de Las Palmas pedirá al Gobierno de Canarias que financie este proyecto dentro del Plan de Electrificación Integral de Canarias. Una de las curiosidades de la noticia es que la citada concejal, Bernarda Barrios, es natural de Santa Cruz de Tenerife, donde se crió en el santacrucero barrio del Toscal, en el cual no sólo, por lo que se ve, había "chicas guapas", sino muchas más inteligentes, aunque hayan tenido que ir a aportar sus conocimientos a otros variados lugares del mundo. No sólo en Las Palmas.
Abundando en este tema de "la crisis turística" -que no existe según los "entendidos" en la política turística provincial, pero en la que todos los comentaristas coincidimos-, podíamos comentar también los tristes proyectos del norte de la isla de Tenerife. Sin profundizar demasiado, la zona marítima del Puerto de la Cruz, el puerto de Garachico, el frustrado proyecto del gran centro de convenciones en La Orotava, este último abortado -no sabemos muy bien por qué ni por quiénes- y los otros dos siguiendo el mismo camino que el célebre proyecto de Las Teresitas.
A todas estas, los discursos grandilocuentes, llenos de promesas y palabras huecas, son casi exactamente los mismos que venimos escuchando toda la vida, y que conste que no nacimos precisamente ayer? Más de lo mismo, y obras por todas partes. ¿Es así como queremos acoger a nuestro turismo? ¿Podemos seguir cometiendo barbaridades y promoviendo imágenes que no se compadecen con la realidad?
Creemos sinceramente que marchamos a la deriva. Y no somos nosotros solos los que pensamos así, habría que preguntarles a los inversionistas canarios en otros países el porqué no lo siguen haciendo en las islas. Analizando detenidamente lo que se escribe en la prensa diaria, tendremos seguramente la respuesta a poco lo sepamos entender. Bastaría ver cómo seguimos magnificando las cifras de las llegadas de turistas, olvidándonos de todo el entramado que este sector comporta. Seguimos creciendo, pero no nos desarrollamos como diría nuestro amigo el arquitecto Juan Julio Fernández, haciendo el símil con el cuerpo humano.
¿Debemos seguir aumentando la llegada del número de turistas al archipiélago? ¿Podemos seguir construyendo hoteles de la misma forma? ¿Se sabe exactamente hasta dónde se quiere, o se puede, llegar? ¿Ha pensado alguien, con poder de decisión, cómo se verían las islas dentro de veinte años, si se sigue construyendo de igual forma? ¿Conocen, o han oído hablar alguna vez, sobre "la capacidad de carga"? ¿No estaremos marchando a lo peor a la deriva?
Como en las novelas de intriga y misterio, las respuestas en el próximo capítulo.
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