INVITADO PERSONALMENTE por mi entrañable amigo Miguel Ángel, primer arcipreste de la villa de Tegueste, a la Eucaristía de su despedida como párroco de su "pequeña catedral" de San Marcos Evangelista de Tegueste, como siempre bellamente adornada, pulcra, elegante y brillando por los cuatro costados, como en ella es habitual, nos dimos cita muchos amigos, familiares y corporación en pleno del ilustre ayuntamiento, presidida por su actual alcalde, que nos presentara el anterior, mi buen amigo Vidal Suárez, y "todo" Tegueste que llenaba completamente tan acogedor recinto.
Acompañaban en el altar a Miguel Ángel: Juan Fernando Pérez Hernández, delegado diocesano para el clero; Prudencio Redondo Camarero, arcipreste de La Laguna; J. Félix Ávila Poggio, vice-arcipreste de Tegueste y párroco de Punta del Hidalgo; José Siverio Pérez, canónigo y ex director de Radio Popular, amén de buen escultor y gran estudioso; mi amigo desde los lejanos tiempos de La Guancha, Francisco Hernández García, párroco que fuera de Buenpaso (Icod) y hoy jubilado, colaborando en el Arciprestazgo de Tegueste, en Pedro Álvarez, y habitando en la Casa Sacerdotal de La Laguna; Ramón Padilla Brito, antiguo párroco de Tejina, y uno de los componentes de aquella promoción numerosa de 1952, en la que coincidimos en uno de los homenajes tributados a mi entrañable amigo Jesús Luis Pérez.
En un ambiente de sumo respeto y silencio, la santa misa fue seguida con creciente interés y vivida intensamente, viéndose reflejado en el momento de la Comunión, en que la casi totalidad del templo se acercó al altar o los distintos concelebrantes se iban acercando a todo el que la solicitaba.
Finalizada la misa, una encantadora señora hizo de maestra de ceremonias y, con una sencillez y soltura encomiables, dio lectura a un muy bello "laudatio" en el que diera a conocer y recordar lo que habían sido esos 33 años de Miguel Ángel al frente de su parroquia. Muy emocionado Miguel Ángel, siguió muy atentamente lo dicho por tan magnífica representante de la comunidad parroquial.
A continuación, sería ella la que iría dando entrada a los siguientes intervinientes: vice-arcipreste J. Félix, que haría suyas las palabras antecedentes y se encargaría de justificar alguna ausencia por imperativos de trabajo; el alcalde de Tegueste hizo un sucinto análisis de lo que habían sido sus 33 años en la Villa, labor desarrollada, el haberle otorgado en 1999 la medalla de oro de Tegueste, el haber sido el primer arcipreste y único hasta ahora; ya que ningún obispo de los cinco que conociera quisieron darle entrada a otro, "ya que a Vd. lo quieren mucho", etc.
Entre las muchas intervenciones y entrega de obsequios anotamos: juez de paz; representantes de la comunidad parroquial; entre ellos, Juan Rojas, cuya vida transcurre entre Tejina y Tegueste, pues su amor está repartido; -la Coral Polifónica del Círculo Amistad XII de Enero-, de la capital, el ayuntamiento de Tegueste le hace entrega de un pasaje de avión para uno de los viajes que organiza Julián de Armas; Movimiento de Familias Cristianas del Arciprestazgo, Hermandad del Santísimo, Hermandad del Rosario; la propia parroquia le hace entrega de un cuadro del maestro y artista David Yanes Galloway.
Finalmente, la señora que viene actuando felizmente de coordinadora, aún a sabiendas de la emoción que embarga a nuestro párroco, pídele unas palabras, a las que un Miguel Ángel, ocurrente y sereno, con la sencillez y amor que pone en todas sus cosas e intervenciones, da las más expresivas gracias a todos y hace un suscinto repaso a lo que ha sido su vida entre los teguesteros, sintiéndose uno más, que así le han demostrado y ha quedado patente al ofrecerle la señora, en nombre de todos, "que cada casa de Tegueste estaba abierta para recibirle cuantas veces quisiera". Lo mismo el vice-arcipreste, haciendo lo propio "con todas las casas parroquiales del Arciprestazgo". Tiene Miguel Ángel un emocionado recuerdo para su madre, doña Josefa, para sus tíos, don Diego Cedrés y Franchy y don Santiago Hernández Rodríguez, para sus hermanos/as religiosos, para los cinco alcaldes que ha conocido, terminando con una muy bella frase y lo que en su día le dijera Vidal Suárez: su condición de doble villero: de La Orotava y Tegueste.
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