LA VIDA se está politizando tanto que ya le ha tocado el turno al agua de la llave, lo que llamamos en términos coloquiales el "agua corriente". Hay que ver la que se ha líado entre el concejal del CNN, Ignacio González, y el edil de Servicios Públicos del Ayuntamiento de Santa Cruz, Norberto Plasencia, por un quítame allá ese grifo. Ignacio González está emperrado en que el agua de las calles 5 y 8 del barrio de Valleseco no se puede beber, y Plasencia afirma, por su parte, que el líquido elemento de las casas de la referidas vías es tan buena, si no mejor, que la que se suministra al resto de Santa Cruz. La gente está siguiendo con el mayor interés, como si se tratara de un culebrón, la batalla dialéctica.
Yo veo dicha discusión inútil, porque, a mi juicio, eso se podría dirimir y solucionar sólo en cuestión de horas. Creo yo que con un análisis se podría saber al momento.
Ahora bien, ¿es que no se cree en la solvencia de los profesionales que hacen tales análisis? Ése, entonces, es otro tema. ¿Y adónde podríamos llegar si empezamos por desacreditar a nuestros químicos y no creemos en ellos? ¡Si en la Medicina, por ejemplo, sucediera lo mismo!
Hay, por lo que leo, establecimientos del norte y del sur de la Isla que han ofrecido sus servicios para determinar exactamente cuál es el estado del agua corriente de las referidas calles 5 y 8 de Valleseco, pero, al parecer, eso no interesa, lo que importa es seguir la batallita para llevarse el voto que anda suelto por ahí a su redil. Puede también que hayamos politizado tanto las cosas que haya ya analistas de derechas y de izquierdas, como los magistrados de las más altas instancias. ¡Qué barbaridad!
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