EFE, París
El modisto John Galliano sorprendió ayer a sus invitados del Prêt-à-Porter Christian Dior para la próxima temporada estival con una colección por supuesto excelente, absolutamente femenina y ... muy comercial. Por una vez, Galliano colocó sobre la pasarela todo lo que se debe poder encontrar en las tiendas Dior del mundo.
Cada uno de los modelos y accesorios presentados, incluidas las horquillas de brillantes y los grandes broches-pasadores de plata y pedrería que brillaban sobre las cabelleras levemente retiradas del rostro, eran "ponibles" y deseables en alto grado.
Terminados los maquillajes más o menos misóginos, que más que realzar afeaban a conciencia el rostro de sus maniquíes de pasarelas pasadas. Fuera los voluminosos y estrambóticos peinados y las prendas no menos imposibles de llevar que Galliano acostumbraba a crear para sus impresionantes espectáculos de pasarela, inspirado en lejanos parajes del mundo y épocas olvidadas.
Todo parecía haber sido pensado para ser portado por las clientas Dior e, inevitablemente, para inspirar a quienes no lo son. La inspiración hay que buscarla en los locos años 20, junto con las imágenes del fotógrafo Helmut Newton.
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