("La mayor parte de las cuestiones y controversias que afectan a la Humanidad residen en el uso dudoso e incierto de las palabras, o lo que es lo mismo, las ideas indefinidas que ellas representan")
SIEMPRE se ha tomado el ejemplo de Puerto Rico como el prototipo, en sus relaciones con los EE.UU, de Estado Libre Asociado, pero con cuya denominación -la realidad así lo dice- no han obtenido los beneficios deseados y la libertad plena de una parte, el 51 Estado, que se consideraba como dentro de la Unión, pero que no lo es.
Se cometió el error cuando se sometió a referéndum de qué tipo o modelo de relación convivencial y política se quería con la federación estadounidense al remarcarse como que la opción más posibilista era la del "Estado Libre Asociado", que motivó que en aquel referéndum convocado en noviembre de l993 se obtuvieran unos resultados muy ajustados: 823.258 por la permanencia dentro como Estado Libre Asociado y 786.859 por la estatalidad plena.
La realidad, tras esto, nos dice que el Estado Libre Asociado ha sido para Puerto Rico, ni más ni menos, que el logro de un estatuto especial de autogobierno, con lo que se ha logrado no pertenecer de facto a la federación ni perder la identidad puertorriqueña. Y ahí aparece el contrasentido, ya que, por una parte, la federación nacional estadounidense no permitía nacionalismos identitarios ni poderes federados basados en la plurinacionalidad; y por otra parte, Puerto Rico no deseaba perder su identidad diluida en un federalismo territorial.
Y la evidencia lo que ha puesto de manifiesto es que los puertorriqueños son ciudadanos americanos de segunda clase, ya que no tienen los mismos derechos políticos y se considera a Puerto Rico como una colonia por sometimiento político a EEUU. De ahí que lo que anida en la conciencia de los puertorriqueños es avanzar, para llegar a un "Pacto de Soberanía Asociada".
¿Qué significa esto? Simplemente, un "pacto confederal" de igual a igual en el que las instituciones de gobierno de Puerto Rico tengan plena independencia para la dirección política interior y exterior dentro de un espacio económico compartido, con moneda común, defensa común y ciudadanía dual. Así, de esta manera, el pueblo de Puerto Rico se constituye ante sí mismo y ante el mundo como una entidad con plena soberanía jurídica ante sus habitantes y su territorio.
Este ejemplo, de llevarse o no a cabo, sería un referente a tener en cuenta para considerar las relaciones futuras que se puedan establecer entre territorios, entre el Estado español y Canarias, por ejemplo. Con un "Pacto de Soberanía Asociada" se llegaría a la plena realización de un pueblo, una nación, que a través de la historia y a través del futuro se puede construir y desde dentro sin ambages, ambigüedades y sin proteccionismos, sino simple y llanamente por la vía de la confederación, por la vía del mutuo entendimiento, donde una parte no sobresalga sobre la otra, donde se llegue a un punto de encuentro y de perfecto encaje y coincidencia sin estridencias y sin crispación.
¿Dónde pudiera estar la traba y la confrontación política? Pudiera ser en el choque de dos nacionalismos: el español castellanizante, que históricamente es más ombliguista que cualquiera, que se cree el centro de la cuestión, al cual no se le puede tocar parte de ese centro, por otra imaginaria, porque se desgajaría el Estado (ése es su discurso sempiterno) cuando es todo lo contrario: el Estado, desde la diversidad, se fortalece aún más y desde esa comunicación abierta y no estereotipada, las partes se adecuarían perfectamente .Y por otro lado el de un nacionalismo canario reivindicativo y necesario.
Dentro del marco de una confederación, los entendimientos serían más plausibles y los horizontes, tanto de unos como de otros, más cercanos.Y esto no suena a paradoja. Las relaciones políticas entre los territorios, cuando se fijan desde la desidia de sus habitantes porque se dice y redice que un Estatuto, poco importa a los ciudadanos y se hace de esto risa y chanza, sí que tiene una importancia superior, siempre y cuando se la dé, y se diga hasta la saciedad que el estatuto de cualquier comunidad no es la estación terminal. Las cotas máximas de autogobierno, cuando Canarias las consiga, no deben quedarse ahí, hay que apuntar mas allá, a lo mejor a eso, al "Pacto de Soberanía Asociada"
Y por otra parte nos encontramos con un mar de diversas opiniones y hasta malos entendidos entre los nacionalistas de esta tierra, que nos perdemos en los significados e interpretación de las palabras y no nos ponemos de acuerdo en lo que queremos hacer con ella.
Pero si hacemos caso a las definiciones, si somos coherentes con la letra de nuestro discurso, si deseamos desarrollarnos como pueblo, si queremos mirar más alto y seguir teniendo amigos y fortalecer los lazos con todas las partes, España, Europa, África, América, habrá que moverse por los caminos de la verdadera democracia, porque no hay nada más democrático, siempre y cuando así lo desee la mayoría, que ir a la búsqueda de ese pacto que, ante el mundo globalizado, ante la desnaturalización a la cual están sometidos los pueblos, si así se decide, estos aparecerán más remozados, nuevos, diferentes y con una historia por escribir, y dejar de ser testigos mudos de la misma sino sus principales protagonistas.
Y he puesto como ejemplo el proyecto político adoptado por Puerto Rico porque es el que muchas veces hemos mencionado como referente, pero una vez que el caminar de Europa, aunque sea aún un tanto incierto, se vea hacia dónde pretende llegar, quedarse anclados en unas competencias que podrán colmar muchas aspiraciones no será del todo satisfactorio si no se llega a ese gran Pacto de Soberanía Asociada.
Eso es lo moderno y lo necesario para un territorio como el nuestro, que, quiérase o no, cada vez importa menos a mucha gente que, desde un nacionalismo español confuso, pretende que en esta fiesta de la política canaria sea poco más o menos que un convidado de piedra.
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