Criterios
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JOSÉ MARÍA SEGOVIA

A propósito de Venezuela

28/oct/07 01:35
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LA CRÓNICA aparecida en "Criterios" del miércoles 24 sobre la Venezuela de antes y la de ahora ha traído a mi memoria dos episodios no relacionados directamente con Venezuela, sino con la vida tinerfeña. El primero se refiere al término "aiga", relacionado con los grandes coches, que yo siempre escribí con "h", tal que "haiga", y que acabo de ver que el diccionario define como "automóvil muy grande y ostentoso". Pero estimo que la fecha del año 1975 que cita el editorialista como de su implantación entre nosotros es muy posterior a la realidad, que no comenzó precisamente en nuestra tierra ya que es una palabra típicamente peninsular y ajena del todo a nosotros, los canarios.

En los años que van del 39 al 75, es decir, durante la últimamente tan denostada dictadura del general Franco, al que pronto le van a quitar su nombre de la Rambla y sustituirlo, por ejemplo, por otro tan liberal y democrático como Paracuellos, aunque la lista es vastísima. En ese amplio período había una diferencia esencial entre Canarias y la Península en cuanto a los coches que circulaban por una y otra parte de la Patria, ya que en Canarias teníamos desde tiempo un régimen especial como eran los puertos francos que permitían la importación de mercancías del extranjero con unos derechos arancelarios sumamente bajos. Ello hizo que fuese sencillísimo, como lo había sido siempre, adquirir en Canarias coches de los últimos modelos de todas las grandes marcas internacionales, mientras que en la Península el conseguir una licencia de importación para poder adquirir uno era poco menos que un milagro, y no digamos desde que empezó en Barcelona la fabricación de vehículos en serie, y en serio, con los Seat, aquellos 1400 y luego el 600 que medio motorizaron la Península. Pero si se quería adquirir un buen coche último modelo, para eso había que venir a Canarias, donde se compraban poco menos que en la tienda de la esquina. Claro que el problema era luego el llevarlo a la Península, donde había que tener la autorización correspondiente y pagar las elevadísimas aduanas ya que, además, había que proteger la naciente industria nacional que se empeñó en lanzar el señor Suanzes con indudable acierto. Otra solución alternativa era la de inscribirse en el padrón de cualquier ciudad o pueblo de Canarias como residente, lo que facilitaba enormemente la importación del coche si uno se trasladaba de residencia de Canarias a la Península, picardía que fue muy utilizada en aquellos ya lejanos tiempos.

Es decir, que donde se inventó lo de "haiga" con tal arraigo hasta ser admitido y aceptado el vocablo por la Real Academia de La Lengua fue en la Península, y bien me acuerdo allá por los últimos años 50, cuando mi hijo y mis sobrinos venían a veranear a Santa Cruz o a Bajamar desde la Península, donde vivíamos, se asombraban de la cantidad de "haigas" que circulaban normalmente por la isla y que apenas se veían ni siquiera en Madrid, hasta el punto de que al coche de un querido familiar nuestro lo bautizaron como "el Opel-Kapitan "haiga" del tío Fito", como solemos recordar aún.

El otro punto que me gustaría comentar es la alusión que se hace de Mauricio Gómez Leal, una entrañable persona andaluza, que vino aquí por aquello de hacer la Milicia Universitaria y aquí se quedó muchos años, trabajando como periodista, e incluso matrimoniando en nuestra tierra. Actuó Mauricio de forma destacada en esta profesión y tuvo en la emisora "Radio Juventud" un programa muy oído por todo Santa Cruz en aquellos años en que la televisión no había llegado aún ni a la Península ni a Canarias, un programa titulado "Y mañana será otro día". Mauricio hizo una gran amistad con mi cuñado, el malogrado Opelio Rodríguez Peña, y aún me parece verlo en casa de mi padre, que sentía por él gran admiración, comentando todo lo divino y lo humano con gran desparpajo y gracia. La vida le hizo desplazarse a Venezuela, en cuyo viaje le ayudaron amigos suyos bien queridos y allí hizo fortuna profesional como periodista y, como bien recoge la crónica que comento, como relaciones públicas de un afamado hotel. Tuve ocasión de verle un verano de nuevo en La Laguna, en el Camino Largo, en la casa de Opelio Rodríguez, y unos años después, otra vez en Madrid, en un cálido verano en el que salimos juntos a tomar copas un par de veces, e incluso a alguna visita a amigos suyos de Venezuela que se encontraban en Madrid. Ignoro, en realidad, lo que ha sido de Mauricio y quizás el comentarista nos podría dar alguna noticia del para muchos tan querido personaje.

Y para terminar con este comentario, al fin he podido enterarme del origen de la denominación de "la octava isla" con la que los canarios conocemos a Venezuela y que se debe, al parecer, al tan recordado director de EL DÍA, Ernesto Salcedo.

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