EN ESTOS PEÑASCOS, que decía Ernesto Salcedo, se sabe cuándo empiezan las obras, pero nunca cuándo se terminan. Ahí tenemos, para vergüenza de no sólo el Ayuntamietno de La Orotava, sino del Cabildo Insular y hasta del Gobierno de Canarias -que debió haber intervenido en el caso- el adefesio en forma de búnker de la "Línea Maginot" que, dedicado al naturalista don Alexander Humboldt, se eleva en una ladera del Valle de La Orotava. Dicen que esa extraña construcción, de la que uno espera que asomen cañones y ametralladoras, se construyó sobre el lugar de la montaña donde afirman que, al contemplar esa gran belleza paisajística, el famoso investigador, emocionado, se arrodilló, aunque al caso no se ha aplicado aún la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero y, a lo peor, se averigua que la comitiva de autoridades insulares que acompañaban al sabio en la excursión, montando sendos carros de mulas, porque aún no se habían inventado las guaguas y los coches que llamaban de "gran turismo", hizo un alto en el lugar donde se asentaba Tacoronte y se mandaron entre todos sus correspondientes barriguitas del tinto que ahora le dicen de la marca de origen "Tacoronte-Acentejo". Y claro está, como los criticones y envidiosos estaban inventados desde hacía varios siglos, se apresuraron a chivarse que a don Alejandro, que como se sabe es la traducción al español de Alexander, se le subió el morapio a la cabeza y le dio por postrarse.
La verdad es que es que para sospechar que dijo verdad el chivato, porque un servidor ha estado en las cataratas de Iguazú y del Niágara y no le ha dado por arrodillarse, y ambas cataratas son más, digamos, llamativas que el Valle de La Orotava. Pero dejemos lo que corresponde exclusivamente a la Ley de Recuperación de la memoria Histórica, y sigamos con el tema del mirador en forma de fortaleza. Cuando la gente de Tenerife y parte del extranjero, que venía a la Isla como turista, esperaba un mirador como está mandado, se edificó ese petardo que la gente no sabía para qué era, porque antes había allí un murito para asomarse y los visitantes veían perfectamente el bello panorama y sacaban las correspondientes fotos. Un turista dijo, de coña, que podía tratarse de que se temía un posible nuevo ataque de la flota inglesa, que, naturalmente, vendría mandada por otro almirante porque Nelson murió en la batalla de Trafalgar.
En resumen, que la contestación a la pregunta de por qué se tarda tanto en terminar el petardesco búnker, según reveló Ricardo Peytaví, es, sencillamente, porque está montada una cadena de favoritismos que lo impide, ya que se espera para conceder la explotación del bar a un amigo y los decorados del salón, a otros. Y los señores han dado un pretexto para no ir a hacer el trabajo. Así de claro.
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