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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

El infierno

1/nov/07 02:01
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HEMOS TRANSFORMADO un paraíso en un infierno. Y lo peor es que no hacían falta sofisticados cálculos matemáticos para prever no sólo que tarde o temprano ocurriría algo así, sino que el futuro puede ser mucho más atroz. Bastaba con recurrir a una simple operación de la aritmética; la más humilde de las ramas de las matemáticas. Porque simplemente sumando el número de coches matriculados cada año en Tenerife, y restando luego los que causan baja, hasta el más obtuso llega a la conclusión de que esta isla no es capaz de incorporar a sus vías 25.000 vehículos cada doce meses sin alcanzar el colapso definitivo.

El accidente que se produjo el martes a las cuatro y media de la tarde en la autopista del Norte no tuvo nada de extraordinario. Espectacular porque uno de los coches se incendió, pero nada más. Sólo hubo heridos leves y, salvo el vehículo que las llamas convirtieron en un amasijo de chatarra carbonizada, tampoco los daños materiales resultaron cuantiosos. No se apreciaban grandes destrozos en la media docena de coches implicados. La hecatombe se produjo después. Una conductora me dijo que tardó cuatro horas en recorrer 22 kilómetros entre Santa Cruz y el lugar del accidente. Caminando a un paso no excesivamente ligero hubiese empleado menos tiempo.

En circunstancias normales, un accidente como este hubiese provocado algunos kilómetros de retenciones. Había que retirar el vehículo incendiado y luego reparar, al menos superficialmente, los desperfectos ocasionados por el fuego en el asfalto. Sin embargo, el tráfico en Tenerife hace tiempo que desbordó lo que es juiciosamente normal. Porque no es sensato que una parte significativa de la población viva en el Norte y trabaje en el Sur. Eso ha sido posible hasta ahora merced a unos combustibles baratos y unos coches también a precios asequibles, siempre que al comprador no le importe pagarlos en ciento y pico cuotas mensuales -más de ocho años, por si alguien no se ha dado cuenta-, además de unas carreteras mejores que las de antaño, desde luego que sí, pero no tan saturadas como hoy en día. No es sensato que durante años se hayan inaugurado infraestructuras sobre todo en La Palma y Las Palmas, mientras que en Tenerife ni siquiera se ha terminado el tercer carril de un tramo de la autopista del Sur. No es sensato que cada vez que se intenta construir algo, ampliar algo o mejorar algo, surjan por doquier vecinos afectados dispuestos a paralizarlo todo, amén de unos cuantos ecologistas iracundos cargados de razones para manifestarse vehemente aquí, pero no en otras islas. Una casualidad, claro. No es sensato, en definitiva -y este es el peor de los despropósitos- que durante quince años hayamos crecido por encima de nuestras posibilidades. Muchos sabían lo que se avecinaba, aunque era mejor mirar para otro lado mientras todo el mundo se estuviese llenando los bolsillos: el que vende los coches, el que los alquila, el que los promociona, el que despacha la gasolina, el que los arregla, el que los pinta y, en definitiva, cuantos contratan en el oficio que sea a quienes los conducen, para que tengan dinero con qué mantener ese símbolo de estatus y progreso -el propio automóvil-, incapaz, a estas alturas, de cumplir su cometido básico: trasladarnos con rapidez.

rpeyt@yahoo.es

 

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