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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Taxistas soliviantados

1/nov/07 02:01
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LOS TAXISTAS de Santa Cruz andan soliviantados. Y con razón. Los usuarios no están mucho más tranquilos, oigan. Y sus calenturas también son de lo más comprensibles. Los honrados profesionales del volante se están pensando si ejercen alguna medida de presión para que el Ayuntamiento reaccione. Los usuarios, no. Se limitan a no subirse a un taxi ni de coña. Y esa es la famosa pescadilla que se fríe en plan rosquete: o sea, mordiéndose la cola.

Y si ustedes creen que les voy a hablar -en nombre de los currantes del gremio- del tranvía, están ustedes equivocados. Los currantes del gremio más sensatos y menos levantiscos, que son pocos, afirman que a ellos el tranvía no les hace demasiado daño. Que se lo hace a Titsa y allá ellos. Que al sector del taxi quien le hace la puñeta, pero a modo y con recochineo, es el ayuntamiento, que ni se molesta en replantearse la reordenación del tráfico urbano en las zonas de la ciudad martirizadas por las obras. La consecuencia es que las carreras de los taxistas se transforman en tortuosos e inverosímiles trayectos de insospechados recorridos cuya duración es imposible prever. Y, si ni la duración ni el recorrido son previsibles, menos lo es aún el precio final del servicio.

Hice la prueba el martes pasado. Tomé un taxi, sin necesidad ninguna, para viajar, por el centro del Chicharro, una distancia que, en línea recta y por las calles razonables, que no superaba, a ojo de buen cubero, los trescientos metros. El esforzado conductor procuró llevarme por la ruta más corta y, a la vez, más lógica, sorteando los avatares de las obras y desvíos, lo cual supuso un viaje de más de un cuarto de hora, una calentura doble (la del taxista y la de un servidor) y un costo final, marcado por el taxímetro, de cuatro euros con ochenta y cinco céntimos. Es decir, un disparate.

Gracias a la dejadez de los responsables municipales de la circulación urbana (con un par de medidas inteligentes se reducirían los atascos y se ganaría en movilidad y en fluidez entre las principales vías), se da la paradoja de que, contando en esta capital, con el servicio de taxis más barato de España, paguemos más que en ninguna otra parte del país por los recorridos teóricamente más breves. Algo que tampoco conviene a estos profesionales, emputados como los pasajeros en el interior del vehículo durante un tiempo que sería innecesario, sabiendo que en lo que de verdad ganan dinero es en la bajada de bandera.

El resultado de este caos y de esta ineficiencia municipal -lo que solivianta a los taxistas- es que el ciudadano que antes tomaba un taxi habitualmente, ahora no lo hace. Simplemente, porque no sabe cuánto va a tardar en llegar a su destino y, lo que es más grave, porque ignora el pastón que puede costarle.

josechela@mojopi.com

 

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