EL ATASCO DE TRÁFICO que se produjo la tarde-noche del martes en las principales carreteras de Tenerife, incluyendo las vías de entrada a Santa Cruz, La Laguna y algunas de sus calles, fue de tales proporciones que requiere la comparecencia pública de algún responsable político para, al menos, explicar si alguna administración piensa hacer algo para evitar que se repita tal desastre o si el ciudadano tiene que resignarse porque nadie es capaz de arbitrar soluciones.
Al margen de la magnitud del colapso, que abarcó 20 kilómetros de la Autopista del Norte durante cuatro horas, la autovía de enlace TF-2 y llegó al centro de la capital, lo más preocupante -e indignante, porque hay un clamor general en la Isla- es que lo del martes es la gota que colma el vaso de la paciencia ante una situación que se repite a diario. En la TF-5, desde hace años, y sigue a pesar de las reformas en el cruce de Padre Anchieta; en la autopista del Sur desde que empezaron las obras de ampliación a tres carriles por sentido.
Que un accidente, como hubo la tarde del martes, crea retenciones inevitables en el tráfico nadie lo puede negar; que la lluvia -que también la hubo- siempre ralentiza la marcha de la circulación también es verdad. Ahora bien, que no se habilite en Tenerife un sistema de asistencia rápida para despejar los obstáculos de sus tres autovías, TF-5, TF-1 y TF-2 y se deje todo al albur de la rutina sin que, además, existan paneles para informar al conductor del estado del tráfico es una negligencia en toda regla. Ni siquiera está claro a quién hay que pedir responsabilidades de lo que está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo es que miles de personas se dejan a diario parte de su tiempo, su salud y su economía, en definitiva, de su vida, en las carreteras.
Así no podemos seguir. Alguna solución debe de haber. Por lo pronto, ni la presencia de la Guardia Civil de Tráfico es suficiente en las vías tinerfeñas ni todos los arcenes de las mismas dejan pasar un camión grúa o una ambulancia. En definitiva, fallos, y a la vista de todo el mundo, hay un montón en nuestras carreteras y en la gestión del tráfico. En cuanto al retraso en la construcción de vías que padece la Isla tenemos que agradecérselo al anterior consejero de Infraestructuras y a su presidente de Gobierno. Queremos creer que Paulino Rivero y Juan Ramón Hernández no van a cometer el mismo error. Es más, deben compensar a Tenerife por lo que le están haciendo pasar entre todos, los mandatarios de antes y los de ahora.
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