Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

S. DOMINGO

Hoy tengo un mal día

1/nov/07 02:01
Compartir
Edición impresa .

Y NO TENGO GANAS de escribir. Pero hay que seguir adelante, aprovechando este nuevo día que Dios me regala.

Estamos entrando de lleno en una actitud de agresividad que, sin darnos cuenta, también nos está contaminando. Tal vez impactado por el video en el que un gamberro maltrata a una joven suramericana. Pero creo que más daño me ha hecho la pasividad de los demás viajeros del vagón, en especial del viajero más cercano.

Ya sé que más de uno opina que eso es arriesgado, máxime cuando, hace unos días, un joven fue asesinado por intentar defender a una chica víctima de malos tratos de su pareja. Y ese peligro es verdad, lo entiendo, pero no lo comparto.

En nuestra cobardía, las calles y plazas están siendo dominadas por bandas de menores que, basándose en esa inmunidad que les da el ser menor, cometen toda clase de gamberradas, algunas de las cuales no sólo hieren sino que incluso matan.

Estamos entrando, o lo hemos hecho ya, en una vorágine de miedo que nos está inmovilizando, con lo que -en ese afán de no compromiso- la bola cada vez es mayor.

Y están atemorizados los profesores de los colegios e institutos, reiteradamente lesionados por algunos alumnos; y lo están los alumnos, sometidos al acoso de sus propios compañeros; e incluso padres atemorizados por sus hijos, a los que dicen no pueden controlar, y que les lleva incluso a descargar su problema pegándole a los profesores de su hijo.

Y tienen miedo los taxistas, y los conductores de las guaguas y del tranvía, y se teme cruzar la calle por si aparece un Fangio de a perra gorda, que los hay, y te lleva por delante.

Y temen los policías, teniendo que aguantar insultos, incluso lesiones, cuidando no ser acusados de "malos tratos al detenido".

Y temen los ancianos de sufrir robo, incluso con caída que puede fracturarle sus calcificados huesos, condenándoles tal vez a una silla de ruedas.

Y temen nuestros políticos, bloqueándoles el actuar con decisión, por temor a perder "popularidad", con ello votos y, tras ello, poltrona.

Y teme el padre o madre de familia, que ven peligrar sus puestos de trabajo, cuando tienen que hacer filigranas para llegar a fin de mes.

Y temen los matrimonios que, obligados tal vez por haber tenido que hipotecar su vivienda, tienen que trabajar los dos fuera de casa, impidiéndoles educar y convivir con sus hijos, o, lo que tal vez es peor, impidiéndole mantener una grata convivencia matrimonial que, normalmente, termina en separación o divorcio, cuando no en malos tratos por parte de ambos cónyuges.

Y tienen miedo los jóvenes que, por falta de vivienda, de puesto de trabajo fijo, no se atreven a formar familia, teniendo que conformarse con ser parejas de hecho, ni tan siquiera casados por lo civil, porque así disfrutan de su sexualidad y, además, caso de quererse separar, les resulta más fácil. Con lo cual, además, se rompe el relevo generacional, con las graves consecuencias que, cara a las jubilaciones, supone.

Podríamos entre todos incrementar la lista de los miedos, pero si todos -políticos, padres, profesores, adultos y jóvenes, medios de comunicación y profesionales de toda índole-, asumiéramos la parte de compromiso que nos corresponde, otro gallo cantaría.

El cambio climático es importante, pero también lo es el cambio social, en el cual, con nuestra colaboración y compromiso, sí podemos sanearlo.

Pero cada uno ha de aportar su compromiso. Si no, luego no te quejes.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: