EFE, Madrid
Los ritos funerarios reflejan cada vez más el individualismo, la movilidad y otras características de la sociedad posmoderna, pero perduran porque, según los expertos, el ser humano necesita rituales para hacer frente a la muerte.
La tradición de las pompas fúnebres ha sobrevivido a las tendencias hedonistas que llevan a rechazar la vejez, la enfermedad y la muerte.
"La muerte no se puede apartar, forma parte de la vida y siempre vuelve", afirma Gregor Frühwirt, profesional del gremio que actúa como portavoz de la Federación Europea de Servicios Fúnebres.
El psicoanalista francés y especialista del tema Michel Hanus considera que igual que las bodas y bautizos, los ritos mortuorios "se personalizan", en la mitad de los entierros de su país se lee el poema y se toca la música preferida del difunto. "Se habla de él".
Paralelamente a esta "personalización" del rito fúnebre, se constata una tendencia a su simplificación, que alcanza su paroxismo en los países protestantes del norte como Dinamarca, donde en un 90% de los entierros se ha suprimido la ceremonia, según un estudio sobre pompas fúnebres en Europa de la Universidad de la Sorbona.
En Alemania ha vuelto la práctica de las fosas comunes para personas que eligen esta opción por ahorro, y en la República Checa o en Holanda se organizan excursiones a los crematorios -con merienda incluida- para extranjeros que busquen entierros a buen precio. Otro motivo que lleva a optar por un entierro anónimo es la sensación de abandono que viven muchos ancianos que han perdido a sus familiares o no se sienten ya aceptados socialmente.
Por la movilidad de la sociedad moderna hay algunas empresas de pompas fúnebres que ofrecen a los allegados lejanos la posibilidad de seguir los entierros por internet.
La incineración y el esparcimiento de las cenizas, según la mayoría de los estudiosos de los mecanismos del duelo, puede crear problemas a los supervivientes porque, como dice Hanus, "dejar huellas es muy importante ya que sin ellas se puede tener la impresión de que se pierde a la persona dos veces". Esto explica el afán de quienes no han podido recuperar el cuerpo de sus muertos por recobrar sus restos o localizar el lugar donde perecieron.
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