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VICTORIA SANTOS CORONA *

Los compromisos de sostenibilidad

1/nov/07 02:02
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DESDE que, en 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, establecida por la Organización de las Naciones Unidas, presentó su histórico "Informe Brundlandt", hemos oído hablar muchas veces de ese concepto, aparentemente tan abstracto, que se conoce como "desarrollo sostenible", y que entonces se concibió como aquel que "satisface las necesidades de las generaciones presentes sin socavar la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas".

Una vez definido, no parece un concepto tan difícil de comprender. No obstante, hemos podido comprobar que no es el concepto mismo lo que se tiñe a diario de complejidad, sino, particularmente, su aplicación práctica. ¿Cómo se llega al desarrollo sostenible? ¿Es una meta alcanzable o un utópico ideal de perfección? ¿Es realmente una necesidad acuciante o un nuevo negocio?

Han sido muchas y muy variadas las formas de entender, y en consecuencia aplicar, el desarrollo sostenible a lo largo del planeta. Ya sea como una nueva forma de gobierno, comunitaria y participativa, que tiene como objetivo la mejora de la calidad de vida, y por ende, de las condiciones económicas, sociales y ambientales (requiriendo la formulación y aplicación de las llamadas políticas integradas o transversales); ya como una política puramente medioambiental que al menos garantice el cumplimiento estricto de la normativa ambiental vigente; ya como una serie de proyectos coyunturales dispersos e inconexos, poco eficientes y de escasa durabilidad en el tiempo... lo cierto es que, en demasiadas ocasiones y en el peor de los casos, se traduce en una serie de compromisos políticos que poca o ninguna incidencia positiva tienen sobre el territorio en cuestión y, mucho menos, en un nivel global.

Y es que, cuando hablamos de desarrollo sostenible, no hay recetas mágicas. No hay itinerarios marcados, ni ecuaciones, ni programas informáticos válidos para todos los estados, regiones y comunidades locales.

Sin embargo, lejos de desvirtuar su importancia, esta variedad de planteamientos configura sus perfiles propios: su necesaria adaptación al territorio objetivo, su riqueza creativa, sus peculiares síntesis en función de los agentes implicados, sus inseparables interconexiones, sus intransferibles objetivos, sus concretas y adecuadas herramientas de gestión, sus particulares presupuestos, y, como combinación única de todos estos factores, sus significativos o despreciables resultados.

Los más de treinta años de estudio, trabajo y experiencia a nivel internacional sí han dado lugar, no obstante, a determinados sistemas de gestión, que, bien utilizados, han demostrado su eficacia para encauzar y facilitar la aplicación del desarrollo sostenible, de entre los que destaca por la amplia difusión alcanzada, la denominada Agenda XXI, fruto de la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en 1992.

Por su parte, la Carta de Aalborg fue aprobada por los participantes en la I Conferencia Europea sobre Ciudades Sostenibles en 1994, bajo el patrocinio conjunto de la Comisión Europea y la ciudad de Aalborg (Dinamarca), y organizada por el Consejo Internacional de Iniciativas Ambientales Locales, y con su firma, las ciudades se comprometen a llegar a un consenso en el seno de sus comunidades sobre una Agenda XXI de alcance local.

La Conferencia "Aalborg+10 - Inspiración para el futuro" de 2004 tenía el objetivo de valorar los diez años de experiencias desde el establecimiento de la Carta de Aalborg y servir de inspiración para elevar el nivel de actividad en este campo. Fruto de esta conferencia es el documento "Los Compromisos de Aalborg", que ordena en diez bloques los compromisos considerados imprescindibles para avanzar en materia de desarrollo sostenible y estableciendo plazos para llevar a cabo determinadas actuaciones por los suscriptores del documento, estando prevista una primera revisión europea para el año 2010.

En marzo de 2007 se celebró en Sevilla la V Conferencia Europea de Ciudades y Pueblos Sostenibles, y otras muchas conferencias regionales se han venido organizando bajo el amparo de la Campaña Europea de Ciudades y Pueblos Sostenibles con el objeto de intercambiar experiencias, aunar esfuerzos, crear redes de cooperación, avanzar en el desarrollo y compromiso de las políticas de desarrollo sostenible local, etc.

Las ciudades canarias no pueden quedar al margen de este proceso, y, por ello, el Ayuntamiento de Santa Úrsula organizará en marzo de 2008 la I Conferencia Canaria de Ciudades y Pueblos Sostenibles, que se presentará oficialmente en la Jornada Técnica sobre Medio Urbano y Compromisos de Sostenibilidad, organizada por la Fundación Cultural Canaria de Ingeniería y Arquitectura Betancourt y Molina, los próximos días 6 y 7 de noviembre en los Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente.

El director de la nueva Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y lucha contra el cambio climático impartirá una ponencia sobre el Desarrollo Sostenible en Canarias, y los municipios capitalinos de las Islas estarán representados allí para exponer, en una mesa redonda, sus compromisos, políticas y avances en materia de desarrollo sostenible urbano.

El desarrollo sostenible es una meta, pero también es el camino. Es un ideal, pero sus deseables objetivos, correctamente cuantificados y valorados, son alcanzables, y cuanto más se crea y se invierta en él, más importantes y mejores serán sus resultados. Es una necesidad acuciante, como testifican innumerables datos que estamos cansados de leer y escuchar, pero también es un negocio. Y no sólo lo es, sino que, y eso es lo que no terminan de entender algunos, debe y tiene que serlo, puesto que uno de sus tres objetivos básicos es la prosperidad económica. Sin ella, no hay bienestar social ni tampoco es posible la conservación ambiental. Como tampoco es posible la prosperidad económica ni social sin una eficiente asignación y conservación de los recursos naturales.

Este ecosistema Tierra y sus habitantes formamos un todo. Un todo interconectado. Las cotidianas decisiones de los pequeños Ayuntamientos, como pueden ser la simple compra de papel reciclado o la utilización de luminarias de bajo consumo, tienen efectos significativos en el desarrollo sostenible local y, por adición, en el desarrollo sostenible mundial. Asimismo, y a modo de ejemplo, la decisión diaria individual de arrancar nuestro coche particular o utilizar el transporte público también los tiene. ¿Que si es más importante el cambio climático o la pobreza? Ya es hora de que nos enteremos de que estamos hablando de lo mismo. No hay dudas de que el cambio climático afecta en mucha mayor medida a los más pobres, ni de las enormes pérdidas económicas que genera. El desarrollo sostenible no puede coexistir ni con la degradación ecológica, ni con el hambre y la enfermedad. Pero tampoco con el paro, la exclusión social o la grave disparidad en la distribución de la renta.

Tampoco es posible, o al menos eficaz ni eficiente, el desarrollo sostenible, cuando no existe coordinación entre los diferentes niveles de gobierno. Cuando se duplican las actuaciones y se desperdician los medios económicos, humanos y materiales. Cuando las acciones no son el fruto de una sistemática y consensuada planificación. Ni cuando no existe un seguimiento ni una evaluación periódica de los logros alcanzados, y un replanteamiento constante de las políticas.

No hay recetas universales en desarrollo sostenible. Pero, + de existir alguna, el paso de los años y las distintas experiencias a nivel mundial nos demuestran que ésta sólo puede conformarse de conocimiento, sensibilidad, ganas y compromiso efectivo. Y ésta receta no es para una determinada ideología política ni para un concreto partido, sino para todos y cada uno de los que queremos una vida mejor para nosotros, nuestros hijos y todos los habitantes del planeta.

* Miembro del Comité Organizador de la I Conferencia Canaria de Ciudades y Pueblos Sostenibles. Colaboradora de la Fundación CC De I. y A. Betancourt y Molina

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