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Peligran los portales del Cristo

El paso del tiempo, la humedad y la dejación por parte de quienes anualmente lo pintan y de los responsables del mismo han motivado que este histórico elemento arquitectónico esté pidiendo a gritos ser objeto de una restauración, y pues amenaza con quitar la vida a quien pase por debajo y le caiga una piedra.
11/nov/07 01:35
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D. BARBUZANO, La Laguna

La parte superior de los portales del Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna corren peligro de que parte de su antiguo remate, formado por piedras y barro, caiga sobre los cientos de fieles que a diario pasan sobre dicho elemento arquitectónico para rezar ante el Crucificado moreno.

Los responsables de Patrimonio del Ayuntamiento de La Laguna y del Cabildo, la Pontificia, Real y Venerable Esclavitud del Cristo y el propio Obispado deberían enviar a sus técnicos y analizar el peligro inminente que presentan varias piedras, de peso considerable, que amenazan con caer sobre el suelo, además de estar toda agrietada la pared superior.

El desperfecto es lógico que se haya producido, ya que el paso del tiempo y la fuerza que ejercen las raíces de la hiedra que remata los portales y que es todo un símbolo, sin el que sería difícil concebir los arcos del Cristo, han motivado la rotura del encalado y el que varias piedras estén a punto de caerse, lo que, dado la altura a la que se encuentran, podrían provocar un grave accidente a quien pase en ese momento por debajo, y más aún a los niños que llevan sus padres a ver el Cristo.

Lo más curioso de esta historia es que, todos los años, los encargados de embellecer los portales, sólo le dan una mano de pintura y nada más. Por ello, los entendidos en la materia señalan que la solución es una obra sencilla para un problema que incluso podría costar la vida a una persona según le pueda coger la piedra en su caída.

Lo que se propone es tirar al suelo todas las piedras que están desprendidas, rellenar el hueco que queda con hormigón y pintar. "Una solución sencilla -dice un arquitecto- pero que todos han pasado por alto durante muchos años, porque no hay que olvidar de que es hora de tratar el patrimonio lagunero con obras de consolidación y, como en este caso, no con remiendos y simples manos de pintura".

Lo mismo pasó con el techo de la Catedral y tuvieron que caer cascotes de hormigón para darse cuenta de la gravedad de las bóvedas de la cubierta, por lo que en su día se puso una red para proteger a los fieles.

La dejación en los portales del Cristo también queda patente en una pequeña caja de donde se toma la luz para un farol y un foco, que no tiene tapa y expone a la intemperie, y por lo tanto es peligroso, unos cables que son receptores de agua, cuando llueva, lo que podría producir un cortacircuitos o un pequeño incendio.

Los fieles también denuncian que las puertas de hierro forjado de los arcos están muy estropeadas, con oxidación considerable de tramos y trozos que le faltan por el deterioro del hierro. "Nada digno -señaló un ciudadano- para un templo donde se venera al Cristo que mueve a miles de devotos, venidos de diferentes sitios no sólo de Tenerife, sino de otras islas y numerosos turistas peninsulares y extranjeros".

Quienes han denunciado el desperfecto de los portales del Cristo desean que se actúe con rapidez, y que no se caiga un nuevo elemento patrimonial de La Laguna que hay que conservar, declarándolo Bien de Interés Cultural como ha propuesto recientemente la Asociación en Defensa de La Laguna junto a otros monumentos.

Sobre la antigüedad e importancia de los portales del Cristo, hay que remontarse a 1506, año en que comenzó a construirse el templo. En un dibujo de la antigua iglesia de San Miguel de las Victorias, destruida en 1810 por un incendio, ya se ven los portales del Cristo con su parte superior triangular y tres arcos centrales, siendo el mayor el del centro.

En 1754 también hay referencias a los portales, pues al acometer la obra de ampliación de la plaza frente al templo, los peritos midieron el día 6 de diciembre 8 varas "afuera de los pórticos".

Los pintores con fama reconocida han captado en sus lienzos los pórticos del Real Santuario del Cristo como puede ser el caso, entre otros, de J. Davó en 1932, o los han inmortalizado fotógrafos de la categoría de E. Benítez.

Los portales del Cristo son testigos, además, de las cientos de bodas que se celebran a lo largo del año en el Santuario del Crucificado moreno, de las masivas visitas cada viernes y de las salidas de la venerada imagen anualmente en Semana Santa y en las solemnes fiestas de septiembre.

Este peculiar elemento arquitectónico también sirvió en el pasado para tirar fuegos artificiales o para amparar al Cristo cuando se quemaban fuegos en la plaza de San Francisco, todo lo cual ya ha desaparecido.

Los portales del Cristo mantienen vivo entre sus piedras el recuerdo de la plaza cuando sólo era de tierra y hierba, sirviendo de pasto para el ganado o como campo de fútbol para los jóvenes laguneros. Luego albergó un templete, más adelante una fuente, luego las cuatro actuales columnas de hierro y en un futuro será objeto de una remodelación.

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