Pepe Segura ha sido para varias generaciones de alumnos de bachillerato del Instituto Antonio González de Tejina un referente, un profesor carismático, disciplinado, inflexible a la hora de corregir los exámenes y exigente con el cúmulo de conocimientos que se supone debía tener un alumno al estar en este nivel educativo. Por ello pretendo, independiente de connotaciones ideológicas, rendir con estas líneas, un pequeño homenaje a este matemático que formó parte del paisaje de nuestra adolescencia. Compartió con nosotros la ilusión de cimentar las bases de su asignatura, todo ello en un recién estrenado espacio educativo en el que las goteras de las clases y los charcos de los pasillos competían con unas deficientes instalaciones deportivas y con el barrizal del patio de entrada.
Elegante en el verbo, en las maneras, con ese tono de voz pausado y sin estridencias que aún hoy conserva, pronto se encariñó con los alumnos de primero A, haciéndonos partícipes de importantes acontecimientos familiares: su boda con Marina, el nacimiento de su primer hijo, fechas memorables en las que todos modestamente contribuimos con nuestra diezmada economía a hacerle un regalo a nuestro profesor.
Con gafas, calva, suéter de cuello redondo, pantalón de pana y maletín. Estos eran los rasgos más sobresalientes del docente en esta descripción apresurada, del hombre respetuoso, locuaz, con un fino sentido del humor, mirada diáfana y firme. En resumen, el retrato de un apasionado por la ciencia que aún tenía mucho por vivir, pero sobre todo mucho por dar, en ese ejercicio de generosidad que caracteriza a los grandes hombres. Así, simultaneando la lectura y el análisis de Demócrito y Epicuro, llegó a la visión materialista de Feuerbach y a la dialéctica de Hegel, para luego perderse en la gran obra de Carlos Marx o en la siempre citada de Lenin y Trotsky. Nombres que se sumaban al método de Gauss-Jordán para calcular la matriz inversa o a la integral de Lebesgue-Stieltjes, los cuales utilizaba en aquella pizarra verde, inmensa, en la que su letra cuidada y números perfectamente legibles, mostraban a los ojos atónitos de un grupo de muchachos con las hormonas desatadas que la vida estaba llena de permutaciones, combinaciones, progresiones, formas... vamos, que era pura matemática.
Ignoro cuándo comenzó su aventura política pues nunca nos habló de sus inquietudes sociales, de su deseo de convertirse en un servidor público, pero un día le encontré presidiendo el Ayuntamiento de La Laguna. Años más tarde, con la máxima responsabilidad en el Cabildo Insular de Tenerife, y tiempo después, siendo voz de estas tierras en Madrid. En la actualidad es el delegado del Gobierno en Canarias, controvertido papel en una de las épocas más difíciles de la historia de este Archipiélago, el cual está desempeñando con la misma exquisitez y reverencia con la que nos hablaba de Pitágoras, con mesura en la palabra, respetuosos silencios y cuidado de las formas. No es fácil su oficio, el tener la responsabilidad de la seguridad en una geografía vulnerable, en un tiempo en el que la delincuencia se codea con las altas esferas sociales, tal y como descubrimos cada día en cualquier medio de comunicación, y en estas Islas a punto de zozobrar por la cantidad de inmigrantes que llegan en pateras, barcos y aviones a la exigua geografía de las mismas.
José Segura, Pepe Segura para sus alumnos y allegados, está siempre dispuesto a buscar soluciones más que a señalar culpables, es esa su manera de ser, la naturaleza de su talante. Esto conlleva su exigencia personal de depurar responsabilidades, pero siempre haciendo uso de un lenguaje conciliador, nada alarmista, ofreciendo razonadas, por no decir matemáticas, alternativas para paliar una situación determinada. Evidentemente, sus decisiones y planteamientos siempre serán cuestionados por sus detractores e incluso partidarios, es lo que tiene el oficio de servidor público. Los que le admiramos desde niños, esperábamos que el actual Gobierno de la nación le hubiera nombrado ministro, firmemente convencidos que le sobra talento para asumir este tipo de responsabilidades, pero la inteligencia y las formas no siempre caminan paralelas a los intereses políticos.
El mundo de la docencia perdió a un gran profesor, las matemáticas a uno de sus más brillantes valedores, pero en el recuerdo de cuantos hemos pasado por sus clases permanecerá por siempre la magia con la que domaba el desenfreno de nuestra juventud haciéndonos descubrir la lógica, el cálculo, la inmensidad del planeta de los números, lo infinito del saber. Pepe Segura nos entregó también parte de su juventud, la ilusión por estrenar mundos nuevos, la pasión que ponía en cada cambio de vida personal, el convencimiento de que nosotros éramos la continuidad, el futuro y, por tanto, su mejor obra, siempre y cuando siguiéramos la estela del saber y del conocimiento para ser hombres y mujeres libres.
Al vivir en un espacio finito nos encontramos con frecuencia su sonrisa de afecto, que suele ser la antesala de las palabras, siempre las mismas: "Y pensar que esta señorita fue una de mis mejores alumnas de bachillerato en el Instituto de Tejina...". Querido y admirado profesor, su alumna es una más en la larga lista de estudiantes que de su mano aprendieron una serie de conocimientos, valorando la importancia de su papel como docente en una disciplina calificada de difícil por los jóvenes de todos los tiempos, la cual en sus manos se convertía en plastilina: fácil de manejar y simple de asimilar, bastando aprender a razonar y analizar los contenidos para apasionarse por su naturaleza. Por su dedicación de entonces y por su afecto de siempre, muchas gracias. Enhorabuena por esa rotulación honorífica de un parque en su ciudad y municipio, La Laguna, en el que un busto perpetuará su figura y obra para las nuevas generaciones.
* Titulada superior universitaria en
Relaciones Institucionales y Protocolo
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