HE DEJADO pasar un tiempito antes de comentarles el asunto, más que nada por si había alguna reacción de disculpa por parte del presidente del Gobierno. Pero, no. Lo cual me hace sospechar que Paulino actuó con entera premeditación aún a sabiendas de que metía institucionalmente la pata. Me refiero a la visita que giró el titular del Ejecutivo autónomo a Lanzarote a mediados de la semana pasada.
Allí, en la isla de los volcanes, Rivero repitió un par de naderías ya tópicas en él, que no lo serían si, a demás de pronunciarlas, las acompañase con anuncio de iniciativas concretas, planes, cifras y proyectos? Habló de la importancia de las infraestructuras portuarias para la cohesión del Archipiélago y de la urgente necesidad de reactivar el sector primario. Lo cual está muy bien, insisto, siempre y cuando el presidente nos explique, además de largarnos lo que ya empieza a ser un rollito machacón, qué piensa hacer el Gobierno al respecto.
Bueno. Don Paulino se reunió también con los responsables del sector vitivinícola conejero que es de suma importancia para la economía, el paisaje, el turismo y hasta la cultura de la Isla, lo cual, por supuesto, también nos parece estupendo.
Pero, en esa primera visita oficial a Lanzarote cayó Rivero en una descortesía institucional inconcebible (los afectados por el desaire hablan de deslealtad). El presidente sólo estuvo acompañado por dirigentes de su partido, como el alcalde de Haría, u, ocasionalmente, en una rueda de prensa, con Pilar Merino, consejera de su Gabinete. En el Cabildo lanzaroteño, gobernado por una coalición PIL-PSOE se han sentido dolidos y con motivos, porque al fin y al cabo ésta corporación es la más importante en su ámbito, el órgano de gobierno insular y el que mejor representa a la totalidad de los habitantes de la Isla. Parece incluso paradójico que el presidente no se reuniera con las autoridades cabildicias en tanto que sí lo hacía la consejera de agricultura para tratar con la titular, Manuela Armas, temas relacionados muy de cerca con ese sector primario que don Paulino trata de reactivar (si lo consigue, será como resucitar a un muerto) tales como la recuperación de unas actividades queseras que brindaron históricamente productos de merecido prestigio a todo el Archipiélago. Los partidos gobernantes en el Cabildo consejero acusan a Rivero de instrumentalizar políticamente esa visita. Las crónicas y los datos les dan la razón.
El problema más grave de esta forma de actuar de nuestro presidente es que aplica, a nivel insular, la misma amarga medicina que el asegura le están haciendo tragar a él desde el PSOE y desde Madrid: ningunear a quienes no han pactado con él. Si Paulino exige a Zapatero que sea el presidente de todos los españoles, que él lo sea de todos los canarios, incluidos las gentes del PIL y los socialistas de Lanzarote.
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