La opción preferencial por los pobres
La permanente tempestad que azota la mente es como el látigo que cae sobre el cuerpo desnudo y las heridas que deja jamás llegan a cicatrizar. Es la experiencia de la vida la que nos educa, no las buenas palabras, ni las buenas intenciones. "La pobreza en el mundo se debe a la miseria espiritual de los poderosos", dice en su escrito del domingo día 4, el director de Cáritas Diocesana en Tenerife que lo dijo Federico Mayor Zaragoza. ¡Qué bien! Pero yo pregunto: ¿quiénes son más poderosos? ¿Sólo los ricos?
En la hoja dominical entregada ese mismo día en la iglesia dice en letras bastantes grandes: "Jesús ama a los ricos"; después, en letras más pequeñas, aclara esto de los ricos y los pobres, pero la primera impresión da lugar equívocos. Por eso vuelvo a preguntar: ¿quiénes son los poderosos? Pues los poderosos son, y huelga decirlo, no sólo los ricos, sino aquellos que teniendo en sus manos el poder de resolver los problemas y ven venir a "una persona sucia, con harapos, de lento y vacilante caminar, balbuceando palabras incoherentes (¿) que piden una cama donde quedarse y no la encuentran", no han solucionado el problema.
¡Gritar! Ya lo creo que he gritado desde este espacio y, si no, véase la carta publicada con fecha 30 del pasado mes de octubre y el destino de muchas de las aportaciones y los sueldos de altos directivos de ONG. Me consta su entrega y buena disposición totalmente altruista, Sr. presidente, y me consuela saber que está usted, Sr. director de Cáritas Diocesana de Tenerife, en primera línea en la lucha contra la pobreza. Que está junto a los que la padecen como a los que tratan de paliarla. Por cierto, el pasado 17 de octubre, Día Internacional de la Pobreza", no vi ninguna manifestación al efecto. Duele, y mucho, a todo cristiano saber que hay en el mundo más de 850 millones de hambrientos, no de que pasan hambre, sino que están hambrientos.
Dice usted que el próximo día 25 de noviembre deberíamos salir todos a la calle. ¡Sí! Absolutamente de acuerdo, pero que se manifiesten los grupos parroquiales de todas las parroquias, los Consejos Parroquiales, las Permanentes, y que al frente marchen unidos los responsables correspondientes. Editar folletos divulgativos... ¿para divulgar qué? ¿Más de lo mismo? Folletos que en su inmensa mayoría terminan en la papelera o arrinconados en las estanterías. ¿No sería mejor emplear ese dinero en atender a los pobres? Miren y miren; lo dice nuestro obispo en la presentación del Plan Diocesano de Pastoral. "No nos quedemos en el hacer por hacer". ¿Tal vez nos hemos acostumbrado a la estadística? Aquello de ¡hemos hecho tantas manifestaciones!, ¡hemos editado no sé cuántos folletos!, ¡hemos atendido a tantos y a cuantos!, ¡hemos hecho!... ¡tenemos!... ¡Pues todavía hace falta más! ¡Más luchas y menos despachos! "Conozco tus obras y no eres ni frío ni caliente". ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero eres sólo tibio; ni caliente ni frío. Por eso voy a vomitarte en mi boca" (Apocalipsis 3, 15-16). Hay muchos que son así, por eso entre todos, usted, yo, aquellos y los otros, luchemos unidos para acabar con esta lacra.
José Manuel Santaella Suárez
La difícil tarea de educar
Me crié en un ambiente liberal, entendiendo por liberal el educarte de una forma sana partiendo siempre del respeto, la confianza, la sinceridad y la comunicación.
Hemos educado a nuestros hijos dentro de una misma línea donde hemos sido primero padres y después amigos. Un hogar donde pudo desarrollar cada uno su personalidad junto a un criterio propio partiendo de unos valores y de unos principios, donde se tenía en cuenta, entre otras cosas, la experiencia. Un medio donde se aprendió a saber escuchar y donde se miraba la vejez como un libro abierto digno de ser leído y asimilado.
Les hemos enseñado a ser humildes y a quererse a sí mismos, a manifestar abiertamente sus sentimientos, a saber decir no, a tener capacidad de frustración para poder salir adelante. A amar la infancia, la ancianidad, a valorar a nuestro perro, a los gatitos, a cualquier ser diminuto que sienta. A darle importancia a las necesidades de cada uno y a entender los por qué de muchas actitudes. Y, a pesar de ello, la vida se muestra dura, difícil, la sensibilidad a veces en el entorno no tiene cupo. No cabe.
La educación es la carrera que más trabajas en la vida y nunca la llegas a terminar. Lo natural, lo espontáneo rebota como un bumerang curtido de lecciones no aprendidas e inesperadas que te hieren. Lecturas y experiencias que se te escaparon en su momento o que jamás pensaste que te fueran a suceder. Pero lo intentamos y estamos tranquilos con nuestra conciencia, aunque nunca para unos padres es suficiente.
Y aún tenemos hijos pequeños que, como sus hermanos mayores, caminan y bordean la vida. La descubren. Niños con los que compartimos casi todo. Hijos que aún están despertando a la vida y de los que nosotros aprendemos contemplando su mirada y viendo en ella un riachuelo encendido de la luz brillante de la esperanza. Pequeños que abrazan la existencia.
Por ello me gustaría que ese niño o niña pudiese desde pequeño, poco a poco y en pequeñas raciones, conocer el mundo en el que vivimos, la realidad, aunque sea la menos contaminada posible para poder ser crítico desde ahora y el día de mañana. Que pudiese, por ejemplo, entre otras muchas cosas, consultar un periódico para realizar un trabajo de clase sin tener antes que mamá o papá sacar del medio algunas páginas de anuncios y fotografías acompañadas de frases y llamadas que, simplemente, no tienen explicación para su pequeña cabeza. Aunque también es cierto que para ello cabe el razonamiento y la crítica, pero evitémosles a estos niños el daño gratuito en lo más cercano, porque, además, ya hay daño suficiente en la misma realidad que recogen los diarios.
Respetando siempre la libertad de cada uno, sin olvidarnos de no herir al más débil, debemos facilitarles su acceso a la información más básica del día a día. No nos olvidemos del derecho del niño a educarse en un ambiente sano y propicio, a tener acceso a una información pública como son los periódicos que llegan a nuestra casa y terminan en el sofá al alcance de todos.
Pongamos un stop a todo esto y más. La educación se recibe no sólo en el colegio sino de puertas adentro también.
Soledad Perera
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