J.F., Guía de Isora
La calidad de los trabajos llevados a cabo por realizadoras palestinas ha permitido que la mujer de este país árabe cuente ya con reconocimiento dentro y fuera de sus fronteras, que incluso ha tenido que luchar duramente contra su propia sociedad para lograr cambiarla, según destacaron Lyana Badr y Suheir Farraj ayer en la II edición del Festival Internacional y Mercado de Documentales del Sur (Docusur).
Los documentales elaborados por mujeres "nos han permitido descubrirnos a nosotras mismas", relataba Badr, trabajos con los que se persigue "mostrar la vida diaria en Palestina".
De este modo, explicó que a raíz de "la guerra con Israel la vida se ha tornado más difícil y hay miles de historias para contar y que las mismas sean conocidas por la sociedad".
Uno de esos relatos ha servido para que dicha realizadora haya conseguido un premio en la muestra internacional de Florencia (Italia), que bajo el título "The gates are open? sometimes! (Las puertas están abiertas? ¡a veces!)" se proyectará durante Docusur y donde se destaca el conflicto y ocupación israelí y sus consecuencias en la vida cotidiana.
En similares términos se pronunció la también realizadora palestina Suheir Farraj, quien indicó que la mujer de su país "aporta al documental un enfoque más sensible que el hombre".
Además, puso de relieve las complicaciones que tuvo en un principio el colectivo femenino para desarrollar este tipo de trabajo al estar mal visto por una sociedad donde el hombre era el referente. Así, explicó que "la mujer palestina no contaba con una libertad completa para entrar y salir o volver a cualquier hora", inconvenientes que se han ido superando con mucho esfuerzo y lucha.
A estos problemas se sumaban el poco apoyo que se podía recibir de la propia familia, vecinos y amigos; así como que muchas personas se sentían "incomodas" al ser entrevistadas por una mujer, dijo.
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