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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

El milagro de la Clínica Capote

17/nov/07 07:40
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PARECE un milagro que la conocida Clínica Capote, de Santa Cruz, después de cerrada cautelarmente por la Consejería de Sanidad a causa de un problema tan grave como la carencia de medios, que produjo su cese real de funcionamiento debido a la práctica falta de la administración del centro, de pronto se produjera, en los accionistas y personal empleado, una urgente reunión donde se acordó reorganizar la empresa y proseguir inmediatamente el trabajo y la atención dispensada a los enfermos en tratamiento que, parcialmente, habían sido evacuados.

En Santa Cruz y en toda la Isla, en especial en el ámbito sanitario, fue una sorpresa de la que no se había repuesto el pueblo, hasta que se supo ya la urgente decisión de los propietarios y el personal. Mi querida y competente compañera Iosune Nieto publicó, en el número del domingo último de este periódico, un interesante y curioso reportaje que tituló "La clínica del milagro", porque, efectivamente, en el centro se produjo el milagro que convirtió al beato Martín de Porres en santo, ya que en el expediente de santidad que se tramitaba en el Vaticano a este beato faltaba un milagro para que subiera a los altares. Y pienso que puede haber ocurrido que san Martín de Porres haya influido en esta especie de resurrección inmediata de la Clínica Capote, pagando el favor que el centro dispensó al beato negrito, quien, probablemente, inspiró a Antonio Machín la popular canción "Angelitos negros".

El doctor Bonnet se equivocó cuando le dijo a Iosune Nieto que el "milagretto", como dicen en el Vaticano y repetía el padre del protagonista, el abogado, don Antonio Cabrera Revilla, el "milagretto", efectivamente, vive en Tenerife, se llama Antonio Cabrera Pérez-Camacho, pero no es abogado como su padre y su hermano, sino farmacéutico, o puede que sea yo el que esté equivocado.

Se refería Bonnet a Miguel Cabrera Pérez-Camacho, el diputado en varias ocasiones y muy querido amigo de este periodista, quien fue el que dio a conocer el caso en Tenerife, al hacerle una entrevista al señor Cabrera Revilla cuando Antonio, el "milagretto", iba a viajar a Roma, para asistir a la ceremonia de canonización del beato Martín de Porres, acto del que fue invitado de honor. Me parece que titulé la información en este diario, algo así como "Antonio puede jugar otra vez al fútbol" y, más tarde, el traumatólogo don Miguel López, fundador y director de la Clínica San Juan de Dios, con el que me unía muy buena amistad, me explicó cuando, dispuesto a cortar la pierna a Antonio, se la encontró sana. Don Miguel era muy religioso y comprendió que era un milagro.

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