A LA AMABLE carta que me ha dirigido don José Segovia Cabrera en la edición del pasado día 3, en este mismo periódico, quiero contestar con idéntica cortesía. Y es que deseo agradecerle que haga con mis artículos lo que hago yo con los suyos: leerlos, aunque parezca ésta una situación de bombos mutuos, de la que tan lejos quiero estar.
Leo los trabajos de don José María por dos motivos: primero, porque llegan de Madrid, donde los asuntos tinerfeños se ven, me parece a mí, con una óptica diferente a la nuestra. Y luego, por sus apellidos, en otro tiempo tan ligados al devenir diario de Garachico, según les muestro ahora:
Don Francisco Segovia, por ejemplo, fue párroco, durante varias décadas, de la iglesia garachiquense de San Pedro de Daute, la tercera en antigüedad, según me dicen, de todo Tenerife, sólo superada cronológicamente por las de la Concepción, de La Laguna, y la del Apóstol Santiago, de Los Realejos. De don Francisco, fallecido hace ya muchísimos años, guardo yo, no sólo un grato recuerdo, sino algunas fotografías de color sepia, al que yo llamo canelo.
El apellido materno de don José María, o sea Cabrera, estuvo mucho más extendido en la Villa y Puerto. Don Antonio Cabrera fue, en los años veinte y treinta del pasado siglo, importante notario del Puerto de la Cruz. Sus hijos y nietos han ocupado cargos relevantes en la abogacía, la medicina y la política de Tenerife. Y su esposa, doña Carmen Revilla, fue una de las señoras que fundaron en Garachico la Junta de Damas de la Cruz Roja, que jugó un importante papel en la trayectoria de nuestro Hospital de la Concepción, fundado según unos en 1520, aunque don Pedro Tarquis retrotrae la fecha a 1512. O sea, que lleva cinco siglos de andadura.
Pero, perdónenme ustedes porque se me ha ido el santo al cielo y me he olvidado del contenido de la carta que me ha escrito don José María Segovia Cabrera, a quien quiero aclararle, ahora mismito, que también yo estudié aquel bachillerato de siete cursos, que no recuerdo ahora si fue idea de Ruiz Jiménez o de Ibáñez Martín. También yo estudié varios cursos de francés y todavía recuerdo el significado de fenêtre, chaise, fermer, cloison, beaucoup y otras palabras del idioma de Voltaire y Alejandro Dumas. Y, cuando digo Alejandro Dumas, me refiero tanto al autor de "Los tres mosqueteros", como al de "La dama de las camelias". Pero no me acuerdo haberme encontrado nunca con la voz boutade (o butade, como se dice en español). No la encontré tampoco en el DRAE, que es muy fino, pero sí en el Panhispánico de Dudas, que no parece hacerle mucha gracia a mi nuevo amigo don José María.
¡Pero hombre! Vamos a ver: ¿por qué le tiene usted esa ojeriza al Panhispánico? Trátelo con cariño y verá como él, muy agradecido, le responderá con su amistad sincera. Se lo digo plenamente convencido porque a mí me ha sacado de muchas dudas, no sólo léxicas, sino sintácticas. Incluso ortográficas, porque aquí, donde usted me ve, he tenido problemas con acervo y acerbo ; con atajo y hatajo , por sólo ponerle dos ejemplos. A mí, el Panhispánico me funciona, como dice mi sobrino Lolo. Tanto como a usted le funciona otro diccionario llamado "La Petit ESPASA", al que no tengo el gusto de conocer.
En cuanto al asunto de las naves de la Epístola y el Evangelio puedo contarle una leve anécdota. Vea usted: a una monja jovencita le pregunté por tales naves, para ver si podía disipar mis dudas. Ella me contestó con otra pregunta: "¿Es usted preconciliar?"
-¡Yo, no: líbreme Dios! -acerté a decir- Lo que pasa es que mi memoria es flaca y estoy hecho un lío.
Luego me lo aclaró la propia monja y me dijo sonriendo que su pregunta era simplemente una broma.
Ya ve usted, amigo mío, cómo son las cosas. Usted me lee y yo lo leo a usted. A mí me gusta el Panhispánico y usted lo rechaza de plano. Usted tiene que soportar diariamente el tremendo tráfico de Madrid, que no es moco de pavo, y yo respiro el yodo que hay frente al Roque de mi pueblo. Usted estudió francés en el bachillerato de siete cursos, y yo también, aunque a mí no se me note. ¡Mira que no saber yo eso de boutade !
Por lo demás, muchas gracias por su carta y por sus apellidos, que me han hecho recordar a tantas personas de ayer, por las que yo sentía el mayor respeto.
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