... No es lo mismo, claro que no, Cataluña que Canarias. Y, quizás por ello, sus políticos se asemejan tan poco. Allá, ante el más mínimo síntoma de que el Estado hace oídos sordos a sus demandas se olvidan de sus ideologías y le plantan cara a eso que también aquí algunos denominan Madrid. En Canarias sucede todo lo contrario. Aquí, en las Islas, los partidos ?todos? anteponen sus intereses particulares a los de todos los canarios. A lo más que llegan algunos es a lamentarse porque el Gobierno central maltrata al Archipiélago. Bien sea en los presupuestos o en una materia tan sensible como la situación de los menores inmigrantes no acompañados. Pero la queja, sin más, se ha demostrado que no sirve para nada. Hay que ir más allá. En Cataluña, por ejemplo, después de las continuas tomaduras de pelo de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, que ahora se compara con Indalecio Prieto, el Parlamento ha decidido pedir su cese. Seguramente Zapatero no lo tendrá en cuenta, pero si en marzo es reelegido presidente, la malagueña no estará sentada en los bancos azules. Y si los catalanes tienen motivos fundados para pedir la cabeza política de la titular de Fomento, a los canarios les sobran razones para exigir la de Jesús Caldera. Primero por no cumplir sus promesas y segundo por tratar de engañas a los habitantes de las Islas con absurdos argumentos y medias verdades.
... Claro está que para lograr un posición común en este asunto, socialistas, nacionalistas y populares deben dejar a un lado sus cuitas personales. El espectáculo ofrecido la semana pasada en el Parlamento canario no augura ningún cambio en este sentido. Del mismo modo que a nivel nacional hay asuntos que deben quedar al margen de la lucha partidista, en las Islas existen materias que necesitan del consenso de las tres principales fuerzas del Archipiélago para que no se enquisten. ¿Tienen nuestros políticos la talla suficiente?
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