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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

No tengas prisa

20/nov/07 07:34
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ASUSTA OÍR, aunque sea en boca de charlatanes, que a partir de ahora toca dejarlo todo para después del 9 de marzo. Es decir, no mover un dedo hasta que sepamos quién, y con qué ayudas en forma de pactos, gobernará en España durante los próximos cuatro años. Me comentaba un extranjero hace algún tiempo, un alemán casado con una madrileña pero afincado en Tenerife desde siempre, su sorpresa por lo definitivas que llegan a ser las cosas provisionales en este país. Provisionalidad perenne que comienza en el propio ámbito doméstico, cuando el marido de turno le dice a la mosqueada parienta que el enchufe colgando de la pared es sólo una solución transitoria, hasta que tenga un fin de semana libre para instalarlo como es debido. Anécdota familiar que ha provocado más de una ruptura definitiva, si bien en el fondo únicamente es eso; un chiste.

Otros asuntos hacen menos gracia, en el sentido de que hasta un país con mucha paciencia se cansa de esperar. Ya no sólo sorprende o asusta, sino directamente enfada, que un año antes de las elecciones autonómicas y municipales, muchos cargos públicos comiencen a racanear a la hora de tomar decisiones. "A ver qué pasa", es la frase más repetida cuando toca el relevo de los políticos. O su confirmación. Una postergación por sistema que se amplía al ámbito laboral. El jueves ya no se hace nada porque al día siguiente es viernes y se acaba la semana, en diciembre porque las Navidades están a la vuelta de la esquina y es mejor dejarlo para enero, en junio porque el verano está a punto de empezar y en octubre y noviembre porque hay un par de puentes por medio y la gente se marcha fuera. Para redondear la perpetuidad de lo provisional, en marzo o abril está la Semana Santa, y en febrero o marzo los Carnavales. Y si nos circunscribimos al día a día, de ocho a nueve de la mañana no se hace nada porque la gente todavía está llegando a la oficina -oiga, las colas cada vez son más largas-, de nueve a diez porque el solicitado está reunido con el jefe para planificar la jornada, de diez a once porque ha salido a desayunar, de once a doce porque todavía no ha vuelto, de doce a una porque está hablando por teléfono, de una a dos porque ha ido a hacer una gestión, y de dos a tres porque ya está recogiendo. Lo increíble es que el sistema siga funcionando. Me pregunto por qué.

Respuesta que me dan dos amigos por separado y con distinto sentido. Uno defiende la teoría de que ningún político hace hoy lo que puede dejar para mañana. El otro es más duro en sus planteamientos, pues postula que tras dos décadas recibiendo jugosas ayudas de la UE, y alrededor de diez años con una afluencia masiva de inmigrantes que realizan los trabajos declinados por nosotros, nos hemos convertido en un país de vagos. Gandules con buen gusto, añado por mi parte, porque mientras nos retransmitan el partido del sábado, salgamos a comer fuera el domingo y podamos echarle gasolina al coche que estamos pagando en 120 cómodos plazos, todo va bien.

Una interinidad que campa a sus anchas en este territorio archipielágico y atlántico, donde lo que más nos define es la indefinición. Ya lo dijo en su día Manuel Padorno, aunque no hace falta recordar a nuestros clásicos. Basta mirar alrededor y ver lo que está haciendo el Gobierno de Canarias.

rpeyt@yahoo.es

 

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