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CARTA A HUELGUISTAS, MANIFIESTANTES Y AFINES PALLO *

Ese día creeré en ustedes (I)

20/nov/07 07:34
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¡EA, EA, EA; el gobierno se cabrea! Artículo el de hoy, queridos manifestantes, huelguistas y huelguistos, a manera de consejo y con esta idea principal: "para que una huelga o manifestación cale en el corazón de las gentes hay que ir con un solo y único mensaje".

Porque, claro, cuando se reúnen tantos para protestar por tanto, criticar a tantas, despotricar de cuántos en insultar a cuántas; es decir, meterse con todo, es posible que nadie les entienda. Acudirá mucha gente y se juntarán muchedumbres, pero nadie se enterará de nada; el policía seguirá mirando "p'al" cielo; los mirones nos quedaremos con cara de haba, pero lo peor de todo es que el político, el gobernante y los patronos seguirán sonriendo y tranquilos. Uséase: la huelga o manifestación habrá quedado reducida a un carnaval... te quiero.

Quiero decirles, y eso lo sabemos todos, que efectivamente esas protestas son un derecho constitucional que contempla el artículo no sé cuál de la Carta Magna, pero sabido es también que el cántaro se rompe al ir tantas veces a la fuente. Y es que tanta manifestación y tanta huelga con tanta repetición y tanta monotonía aburren al más pintado. Ahí les mando estas cifras obtenidas de un estudio de manifestaciones realizadas en "sábado", desde el año 2004, en donde se ve el lógico descenso del promedio de asistentes, a saber: al principio, y esto según datos de fuentes técnicas de estadística, acudían 100.000 personas; luego 70.000; más tarde 60.000 y, ya por fin, 15.000 asistentes solamente. Mejor estadística ninguna, oigan.

¿Quiero con ello decir que no se hagan huelgas ni manifestaciones?, ¡en absoluto! Porque uno (yo) demócrata que soy, quiere entender las serias y justas vinculaciones de los trabajadores y proletarios ante las faenas y la falta de atención que en muchas ocasiones les hacen los patronos, políticos y gobernantes. Pero... los manifestantes y huelguistas deberían comprender también las molestias que causan al ciudadano de a pie, ajeno a sus problemas. Conocidísimo es el caso del señor que al ir a sacar su coche del garaje de su casa no pude hacerlo porque se lo impidió la "procesión", por un lado, y la mala política de la policía de ocuparse sólo de la manifestación y olvidarse de la circulación normal del resto de los ciudadanos. Por lo que el señor llegó tarde al aeropuerto y perdió, no sólo el avión, sino el dinero del billete abonado por Internet y, por lo tanto, irrecuperable. Sus perritas volaron, no precisamente por avión y no por culpa suya, sino por la de... otros con otros problemas ajenos al suyo.

Por eso, a mí las que me gustan son las huelgas a la "japonesa" -de las que hablaremos otro día- porque no cabe duda de la gran diferencia entre la huelga, que puede resultar catastrófica, y la manifestación, que hasta puede ser graciosa, pero efectiva. Así, en la isla hermana tienen la sana costumbre de manifestarse para una sola cosa: terminar, ¡ya!, una autopista, un puente o un túnel. Y es que allí, por lo visto, es imprescindible llegar puntualmente al trabajo en vez de estar en el atasco o buscando aparcamiento. Creo que me explico.

Lo que no me explico es que manifestaciones en sábados o festivos, y ya también los viernes, que en este país empiezan a ser ociosos, se preocupen en hacer recorridos por delante de la Subdelegación del Gobierno, ayuntamiento, cabildo, y como fin del trayecto, el Gobierno de Canarias, cuando sus "inquilinos" están lejos de esos fastuosos edificios.

Por eso, yo aconsejo a los viejos y jóvenes manifestantes de aquí, Tenerife, que hagan lo siguiente: que la fachada que pintarrajeen sea la de un ayuntamiento; el contenedor que quemen sea el de delante de un cabildo; la silicona en cerradura, la del Parlamento -que tampoco pasaría nada por estar unos días callado- y, por supuesto, que los que perdieran el avión y el dinero, además de los "dueños" de los edificios nombrados, sean el delegado del Gobierno y el subdelegado (que nunca se sabe en dónde está). Es entonces cuando, ¡yo con vos!, porque ésa sería la protesta más creíble y, por supuesto, la más efectiva.

Pero, ¡oh, paradojas de la vida!, ya verán mis queridos "protestantes" que a esa manifestación no irá ninguno de ustedes, ni siquiera los organizadores, porque podrían perder su empleo o el asiento en el sindicato. Pues, ya ven, a esa manifestación, ¡precisamente a ésa!, es a la que iría éste, su seguro servidor.

Nota muy importante. Entenderá el asombrado lector que uno no habla en serio, porque en mi vida no he roto ni un palillo de dientes, pero sí quisiera que la ironía de este artículo de hoy hiciera espabilar a más de uno o... unas. Gracias.

* Huelga decir que ya

me he manifestado

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