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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

El cuento del capataz

20/nov/07 07:34
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LA VERDAD es que el cuento es viejo, y seguramente el lector ya lo conozca, pero ninguna de las narraciones populares que encierran una moraleja, como las propias fabulillas de Esopo o de nuestro paisano Iriarte, pierden jamás la vigencia. Ahí están las lecciones que pretenden trasmitir, aunque solamente sea para que las recordemos, por obvias que luego nos puedan parecer. De modo que vamos con la historia que, si no es cierta, está bien traída, como suelen decir los italianos.

Un terrateniente andaluz -podría ser de cualquier otro sitio, pero así es el cuento en su origen- mostraba sus posesiones a un amigo que había ido a visitarlo. A bordo de un destartalado todoterreno recorrían las extensísimas fincas, salpicadas de olivares y viñedos. Allí pastaban toros de lidia y jugueteaban hermosos caballos de esbeltísima alzada. De pronto se cruzó con ellos otro todoterreno, pero mucho mas lujoso y moderno que el manejado por el señorito. El conductor les saludó desde el interior del envidiable vehículo:

-¿Quién es ése? -preguntó el invitado.

-El capataz -respondió el anfitrión.

Siguieron la excursión por aquellos campos y dieron con una edificación, una especie de espléndido chalé de líneas árabes. Desde el portalón abierto, se veía una fuente de aguas cristalinas y prodigiosas. Los jardines eran admirables.

-Bueno -dijo el visitante-. Esto es mucho mejor que un cortijo.

-Sí. Pero, no es mío. Éste edificio es de mi capataz.

-¡Ah! -aceptó el otro, ya bastante mosqueado- ¿Y esa caravana tan lujosa con una embarcación deportiva de lujo enganchada al remolque??

-Del capataz, claro -se apresuró a informar el terrateniente.

Mientras tomaban unos finos un poco más tarde a la sombra de un árbol de inmensa copa junto a la bodega de la propiedad, el invitado se atrevió a sugerir:

-Oye, tío? Yo creo que tu capataz te está robando.

- Naturalmente -fue la respuesta que recibió- ¿Crees que soy tonto?... ¡Por supuesto que me está robando!... Si no, ¿de dónde iba a sacar todo lo que tiene?

Asombrado, el amigo quiso saber:

-¿Y por qué no lo echas?

Pacientemente y tras un sorbo del dorado líquido, el propietario explicó:

-Porque, si lo echase, tendría que contratar a otro capataz. Y ese nuevo capataz empezaría a robarme mucho más y tendría que empezar desde el principio, hasta alcanzar el estatus del que ya goza el capataz que tengo ahora, que cada vez necesita robarme menos. ¿Crees que sería un buen negocio?

Lo malo es que aplicar esta sabia filosofía a la política sería, acaso, una perversidad dialéctico-electoral.

josechela@mojopi.com

 

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