R. SÁNCHEZ, Pto. de la Cruz
A la sombra de los jardines portuenses del Taoro, un pequeño grupo de amigos y admiradores de la poetisa cubana Dulce María Loynaz (La Habana, 1902-1997) celebró ayer un emotivo y sencillo homenaje para recordar a la autora de "Juegos de agua", "Jardín" o "Un verano en Tenerife" en el 105 aniversario de su nacimiento, que es también el 15 aniversario de la obtención del Premio Cervantes y el décimo desde su muerte. Seis rosas rojas junto a su busto, obra de Carlos Enrique Prado; palabras cálidas, y un puñado de sus versos fueron todos los ingredientes de un dulce homenaje celebrado en la intimidad de uno de los rincones más hermosos del Puerto de la Cruz.
El mirador de la Atalaya reunió a varios de los más fieles amigos y admiradores de la poetisa que Juan Ramón Jiménez describió como "un volcancito en flor". No faltaron Hortensia Viñas, autora de dos libros sobre Loynaz; José Javier Hernández, profesor y poeta; las poetisas Elsi Rival y Elsi Tavío; el ex eurodiputado y ex edil Isidoro Sánchez, enamorado y firme defensor de la vida y obra de esta dama de las letras; el poeta Melecio Hernández, o el músico cubano Othoniel Rodríguez, quien tuvo el honor de tocar para la homenajeada en tres ocasiones.
Desde Arizona, en Estados Unidos, llegó una carta de Marcelo Fajardo, otro admirador que no quiso estar ausente en un homenaje que coincide, también, con el 60 aniversario de la primera visita de Loynaz a Tenerife.
Con el sol bañando el rostro cincelado en metal de la poetisa y el rumor del agua como banda sonora, los jardines escucharon, de la voz de sus admiradores, algunos de los versos más bellos de Loynaz.
La autora cubana escribió: "Yo soy como el viajero/que llega a un puerto y no lo espera nadie/soy el viajero tímido que pasa/entre abrazos ajenos y sonrisas/que no son para él.../Como el viajero solo/que se alza el cuello del abrigo/en el gran muelle frío". Lo que no pudo imaginar la poetisa es que en un puerto cálido de una isla lejana y cercana, 105 años después de su nacimiento, un grupo de amantes de las letras la esperaría, con abrazos y sonrisas, para recordarle que no estará sola, ni siquiera ahora, diez años después de emprender el gran viaje hacia la eternidad. Eternidad que será el recuerdo de sus versos.
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