EN TANTO que "huida repentina de un animal", y también en cuanto que animales, eso sí, racionales, tal parece que fue la que produjeron cuatro concejales del grupo (¿) municipal del PSC-PSOE en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. Lo hacían el pasado día 19 cuando se desarrollaba una sesión plenaria. Vamos, que doña Gloria Rivero, don José Ángel Martín, don José María Garrido y don Florentino Guzmán se mandaron a mudar.
Como consecuencia de aquella huida no prosperó la moción que en el mismo Pleno se había presentado a debate por Ciudadanos de Santa Cruz y el PSC-PSOE, en respuesta a los artículos periodísticos de don Miguel Zerolo (o su negro) en los que viene reclamando para el Archipiélago (incluida Gran Canaria) un reconocimiento de Estado libre Asociado en la Unión Europea. O sea, ello previa independencia del todavía llamado -parece que no por mucho tiempo- Estado español. Y es que ya dijo en algún momento del pasado reciente el ínclito y excelentísimo Sr. Rodríguez Zapatero que España es un concepto discutido y discutible.
A lo que iba. Los cuatro concejales citados han venido a decir que la ausencia se materializó por motivos personales y profesionales. Desde luego, siempre que una persona (que es algo más que un animal racional) hace algo es que tiene motivos personales para hacerlo. ¿Y los motivos profesionales? ¡A otro perro con ese hueso! Y si es verdad que sus responsabilidades profesionales no les permiten permanecer en una sesión plenaria en toda su integridad, mándense a mudar definitivamente. Lo menos que se le puede pedir a un concejal en la oposición es asistir y aguantar las sesiones plenarias del Ayuntamiento, debátanse en ella cosas serias o "banalidades", al decir de don Juan Fernando López Aguilar. Se supone que es lo menos que pueden hacer unos concejales en la oposición como muestra de respeto a los ciudadanos que les otorgaron su voto. Y por respeto al sistema democrático que nos hemos dado y en el que la figura de la oposición es tan fundamental como la del gobierno. Tan fundamental, que hay gobiernos que se plantean como una actividad principal el diezmar a su oposición, o provocar su aislamiento. ¿Verdad, Sr. alcalde?
¿Cómo es posible que cuatro concejales, de un grupo de siete, den la espantada cuando, además, tienen una moción propia o en compañía por debatir? Sería bueno que diesen a sus electores una explicación verosímil. Y digo a sus electores, y no sólo a la dirección política. Ustedes están ahí en razón a unos votos otorgados en las urnas a una lista, lamentablemente cerrada, de su sigla política. Si las listas hubieran sido abiertas, es posible que alguno de ustedes no hubiese alcanzado el acta de concejal.Otro sí digo. Supongo que con la espantada producida por "motivos personales y profesionales", habrán tenido a bien notificar al secretario de la corporación su renuncia a la dieta correspondiente a su asistencia a dicho pleno. ¿O no?
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