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EL VARISCAZO MONTY

El canario y la integración

24/may/08 01:58
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HAY OCASIONES en esta vida en que uno se encuentra con paradojas que resultan sorprendentes por inesperadas. Y en uno de esos diálogos circunstanciales pegué la hebra con dos simpáticas profesionales de la sanidad, procedentes la una de Cuba y de Venezuela la otra; ambas con una singularidad, la de ser descendientes de canarios de la diáspora, aunque, como es lógico, con ese amor inmarcesible hacia su tierra de nacimiento; hasta el punto de escuchar sus inevitables suspiros nostálgicos cuando me hablaban de ella.

Curiosamente, pese a ser las dos caribeñas, la cubana era muy moderada en sus expresiones cuando hablaba de política, tal vez por el compromiso que suponía tener a toda la familia bajo la bota de la dictadura; mientras que la otra, por el contrario, se exaltaba hablando contra el mesiánico dirigente que ahora controla el destino de su país. Y pese a la afinidad política de sus mandatarios, Fidel y Chávez, percibí en la segunda que estaba más acostumbrada a la libertad de expresión, aunque ésta esté cada día más en entredicho en la Octava Isla.

Hablando con la cubana sobre el tema cotidiano de la inmigración, creyéndome una especie de oráculo, sentencié que para que el conflicto emergente de la integración en Canarias se diluyera se necesitaría el factor tiempo, al menos una generación para que las diferencias sociales y culturales se acrisolaran en el solar de nuestras islas. Sin embargo, su respuesta me deja boquiabierto cuando, con aire de suficiencia, le afirmé que en su isla este problema ya estaba más que superado desde su independencia en 1898.

"Se equivoca por completo, una cosa es que exista la igualdad interracial a la hora de afrontar un puesto de trabajo, pero cuando se trata de mezclar pigmentaciones los llamados blancos puros se lo piensan mucho antes de emparejarse. Con decirle que a mi madre, en mi época de estudiante, cuando entraba con compañeros de clase negros o mulatos, se le demudaba el rostro pensando en que fuera a presentárselo como mi novio. Tal vez ese mestizaje se perciba más en ciudades como La Habana o Santiago, pero le aseguro que en poblaciones de origen caucásico se reservan mucho de incluir un negro en la familia".

Luego, después de estas declaraciones, me contó una serie de chistes racistas que circulan por la Perla del Caribe, de los cuales destaco el de la anécdota del primer presidente de la república en armas, Carlos Manuel Céspedes, que en un pronto de insurrección y para dar ejemplo concedió la libertad a todos los esclavos negros de su hacienda Demajagua, en Manzanillo, declarando acto seguido la guerra a España. El caso es que al día siguiente los propios liberados habían arrasado con sus propiedades, robándole incluso su caballo favorito.

No les abundo más en esta cuestión, pero sí les comento que, como broche final a su alocución comentó que la inmensa mayoría de los delitos que se perpetraban en su tierra eran casi siempre protagonizados por personas de raza negra o mulata... Sobran comentarios.

Después de estas manifestaciones claramente racistas, nos interrumpió la compañera venezolana para decirnos que en su país ocurría algo parecido, pero contra los hijos de inmigrantes. La contestataria criolla expresó que los nativos de origen amerindio arremetían contra los que, por sus rasgos faciales más angulosos, no respondían a su estereotipo de mestizaje. Al parecer, sus propios compañeros de colegio, especialmente después del advenimiento del "mesías" Chávez, llegaban a nominarla con desprecio con el apelativo de "escuálida", por su fisonomía claramente caucásica. Acto seguido le echaban en cara que su padre tuviera una posición holgada, por el hecho de haber llegado años antes y crear con sus propias manos un rentable negocio familiar.

De esto último se deduce la disparatada política del mandatario venezolano, fomentando una especie de conflicto civil interno entre los propios conciudadanos; dando carta blanca a todos los vagos y maleantes con la promesa de pan para todos sin tener que doblar el espinazo y acorralando a los empresarios, muchos de ellos de origen canario, que son el origen productivo del país, con la expropiación de sus tierras o haciendas. ¡Ay, si no fuera por esa siembra de petróleo, como decía Uslar Pietri, qué sería de ese país que tantas vinculaciones tiene con nosotros!

Si después de estos dos ejemplos de comportamientos racistas, el lector no se ha cansado de leer, le invito a que reflexione y traslade estos conflictos interraciales a nuestro disperso y limitado territorio insular y llegará a la cuenta, como yo después de escuchar a estas dos mujeres caribeñas, que será un milagro que la integración social se produzca en una sola generación; puesto que a juzgar por las apariencias, tanto en Cuba como en Venezuela, no han conseguido aún entenderse criollos, indios y negros. Disentimiento que presumo sea similar en otros muchos países de Iberoamérica, claramente gobernados con los mismos errores cometidos en el pasado y que perviven latentes.

Complicado futuro vamos a tener para lograr un entendimiento y una integración con quienes acuden a estas islas como antaño lo hicieron nuestros abuelos en ultramar, porque resulta evidente que estos países, más de un centenar de años después, aún no han conseguido entenderse entre sí mismos. ¿Qué nos ocurrirá entonces a nosotros? Difícil pregunta para ser respondida en el breve plazo de estas líneas claramente dubitativas.

jcvmonteverde@hotmail.com

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