Jornada Deportiva

Arshavin, la perla rubia de San Petersburgo que encandila

Al mediapunta de la selección de Rusia, le han bastado sólo dos partidos para convertirse en una de las grandes revelaciones de la Eurocopa, y encandilar con una técnica, velocidad, resistencia y entrega que han dejado en la sombra a grandes que prometían brillar.
EFE, Moscú (Rusia)
24/jun/08 10:46 AM
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Andréi Arshavin, el mediapunta de la selección de Rusia, le han bastado sólo dos partidos para convertirse en una de las grandes revelaciones de la Eurocopa 2008, y encandilar con una técnica, velocidad, resistencia y entrega que han dejado en la sombra a grandes que prometían brillar.

Independientemente del resultado del choque del próximo jueves entre Rusia y España por el boleto para la preciada final, Arshavin, "Shava", como le dicen sus amigos, ya hizo historia y, sin duda, su nombre será mencionado por los cronistas rusos del futuro junto al del mítico Lev Yáshin.

Le atribuyen a él en gran parte la metamorfosis experimentada por Rusia, que comenzó la Eurocopa con un desastre ante España, goleada 4-1, y que ganó su pase a semifinales dando un recital de fútbol total a Holanda y enviándola a casa.

Su ausencia por sanción ante España y Grecia fue notada, claro está, sólo por los que le conocían. Suecia y Holanda experimentaron en carne propia la habilidad y la fuerza de Arshavin, de 1,72 metros de estatura, que en ambos choques fue declarado el mejor jugador del partido.

El entrenador de Rusia, el técnico holandés Guus Hiddink, conocía su valía y no se cortó un pelo en convocar a Arshavin a pesar de que no podría jugar los primeros dos de los tres partidos de la fase de grupos.

El "10" de la selección rusa, mismo dorsal que tiene en el Zénit San Petersburgo, el club de sus amores, sorprende: muestra una audacia endemoniada que exhibe sobre el terreno de juego y que se esfuma como por encanto cuando suena el pitido final.

Mejor jugador de Rusia en 2005 y 2006, campeón de Rusia en 2007 y campeón de la UEFA con el Zénit en la temporada 2007-2008, Arshavin a sus 27 años parece sentirse incómodo antes las cámaras y los micrófonos y la atención que atrae.

Habla de él hasta la manera en que celebra sus goles, llevándose el dedo índice hacia los labios en señal de petición de silencio.

Sobre el terreno de juego parece un niño: el flequillo rubio sobre la frente y las mejillas ruborizadas como las de un colegial azorado.

Pero la quiere de todas, todas. Cuando se equivoca o no llega a un balón, su gesto de molestia también es infantil: saca la lengua.

En 1999, con 18 años, este gran valor debutó en el equipo suplente del Zénit y un año más tarde pasó a integrar la plantilla del equipo principal, demostrando todas sus cualidades.