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Eladio ante su espejo

Eladio Morales, alcalde de Arico, tendrá que hacer frente a una decisión impopular: asumir la incineradora. A su antecesor, Domingo Zacarías, la instalación del PIRS le costó la Alcaldía. La historia podría repetirse.
1/feb/09 7:32 AM
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ELADIO MORALES (dcha.) le entregó el título de alcalde honorífico de Arico a Domingo Zacarías en 2003./ el día
ELADIO MORALES (dcha.) le entregó el título de alcalde honorífico de Arico a Domingo Zacarías en 2003./ el día

N. VIZOSO, S/C de Tenerife

La historia parece volverse en contra de Eladio Morales (CC), alcalde de Arico desde 1987, o lo que es lo mismo, durante los últimos seis mandatos. Si, en buena medida, se aupó a la Alcaldía gracias a saber aprovechar la oportunidad política que le brindó la oposición de gran parte de la población de la localidad a la instalación de la Planta Insular de Residuos Sólidos (PIRS) en el municipio sureño, ahora la historia le devuelve la pelota y tendrá que hacer frente a una nueva oposición popular relacionada con los residuos que genera la Isla: la incineradora prevista en el Plan Territorial Especial de Ordenación de Residuos, aprobado el pasado viernes por unanimidad en el Cabildo de Tenerife. Después de los 22 años transcurridos existe una gran diferencia: Morales es ahora el alcalde y puede que otros utilicen la incineradora, eufemísticamente denominada "planta de valorización energética", como arma política para intentar desbancarlo de la Alcaldía.

La Isla vivió ya una experiencia difícil a principios de la década de los ochenta relacionada con la gestión de los residuos, si bien la generación de basura de la época era mucho menor que la actual. En aquel momento el Cabildo, bajo la presidencia del socialista José Segura Clavell, actual diputado, y en la que Santiago Pérez, actual líder de la oposición en la Corporación insular, ostentaba la vicepresidencia, tomo la decisión de poner en marcha la Planta Insular de Residuos Sólidos (PIRS), fruto de una intensa y ardua gestión que fructificó en que todos los ayuntamientos de la Isla traspasaron sus competencias en materia de recogida y tratamiento de residuos sólidos urbanos a la Corporación insular.

Este tema se había aplazado ya en varias ocasiones pero la existencia de, sobre todo, dos zonas de vertido que comenzaban a presentar síntomas de agotamiento y escaso control como eran el vertedero de Montaña del Aire y la montaña de El Lazareto (actual Palmétum), hizo que el Gobierno insular tuviera que tomar una decisión.

La lacra de los vertederos

Así, la Institución que entonces dirigía Segura Clavell tomó una decisión de gobierno anteponiendo los superiores intereses generales de la Isla frente a los intereses de partido y conformando la gestación de lo que hoy se conoce como el vertedero de Arico. Esta decisión tuvo sus daños colaterales y fue una de las principales razones por las que el PSC perdiera el Ayuntamiento de Arico, en manos de Domingo Zacarías Rodríguez Medina, primer alcalde de Arico de la era democrática, y pasara a manos nacionalistas con el actual primer edil, Eladio Morales (CC).

El Cabildo de Tenerife puso fin, en 1984, al grave problema de las basuras en la Isla mediante el Plan Insular de Residuos Sólidos, que adjudicó en un pleno en el que el PSC, mayoría gobernante, contó con el consenso de todas las fuerzas políticas. La historia se repite también en esto.

El conflicto de los vertidos, lo que se llegó a llamar "la guerra de las basuras", cobró a principios de esa década grados de politización extrema, pero finalmente se llegó al esperado consenso. El plan suponía la eliminación de unos 200 vertederos incontrolados en favor de medidas técnicas globales para los 31 municipios de la Isla.

El plan fue adjudicado, entre tres ofertas, a la empresa Vertederos de Residuos, SA (Vertresa), por ser la oferta económicamente más ventajosa, y se encargó de la gestión durante treinta años.

El PIRS contemplaba la creación de tres plantas de transferencia y de un vertedero, el cual estaría ubicado en una zona de un millón de metros cuadrados perteneciente al municipio de Arico, lugar al que fueron arrojadas las 203.000 toneladas de basura que producía la Isla en aquel momento. La inversión de estas obras fue de unos 680 millones de las antiguas pesetas.

De esta forma se venía a resolver un problema histórico, después de que en 1982 fuera clausurado El Lazareto, ya que se había sobrepasado su capacidad. La medida provocó una gran alarma entre los ayuntamientos y el gobernador civil decretó la creación de un basurero provisional en La Laguna, a pesar de la fuerte protesta de los vecinos, que sería cerrado tras la creación del PIRS.

La historia se repite

En Arico, por reacción casi espontánea, la población mostró su desacuerdo con la medida y pese a que el alcalde, Domingo Zacarías Rodríguez Molina, tampoco se mostró favorable (al igual que le ocurre hoy a Eladio Morales con la instalación de la incineradora), no le quedó más remedio que cumplir con la normativa insular.

Los socialistas siempre le recriminaron a Morales que aprovechara la coyuntura y se aupara a la Alcaldía esgrimiendo un discurso radical en contra de la decisión que tuvo que tomar la Administración insular y con la que Segura Clavell firmó la sentencia de muerte de Domingo Zacarías, en lo que a la política municipal se refiere.

Ahora, la historia se repite y será Eladio Morales el que tendrá que hacer frente a una decisión impopular sustentada por su propio partido en el Cabildo al igual que le sucediera a Rodríguez Molina con la implantación del PIRS.

Morales, esclavo de su propia trayectoria, se mira ahora en el espejo de la historia. Enfrente puede que vea la figura de Domingo Zacarías Rodríguez.