Cultura y Espectáculos
LUIS MILLARES SALL (TOTOYO MILLARES)

Benito Cabrera y la falsa solidaridad

13/nov/11 2:32 AM
Edición impresa

ESTOY asombrado. Por una vez no he hecho caso a los amigos y escribo indignado. Indignado de corazón, indignado de espíritu, indignado por tanto pasteleo, por tanto abuso a la verdad y a la decencia. Y lo hago poniendo encima de la mesa mis canas, mis casi setenta años de magisterio en el timple, mis miles de alumnos, mi obra discográfica, mis conciertos y el enorme cariño que el pueblo de Canarias ha tenido a bien tener conmigo y con mi obra.

¡Uno de los mayores receptores de ayudas culturales de las instituciones públicas canarias, desde la época en que Román Rodríguez era presidente, termina siendo un héroe! Y ahora todos tenemos que aplaudirle, al son del rebufo mediático, por la "heroicidad" de negarle al Gobierno de Canarias la utilización de su villancico aduciendo su solidaridad con sus compañeros de la cultura de Canarias a propósito de los recortes que ha anunciado el Gobierno de Paulino Rivero en los presupuestos de la cultura.

Un villancico que, recuerdo, fue un encargo público (como tal supongo que pagado, aunque solo con los derechos de autor que genera por las campañas institucionales que lo sustentan cualquiera se bastaba) y que ha sido grabado en versiones de todo tipo desde que se promocionó a machamartillo por dinero público desde las primeras Navidades en que se creó; con cada una de las, imagino, generosas producciones en medios de esas versiones que se hacían cada año (sinfónicas y de otro tipo, con y sin invitados...) pagadas también con presupuestos públicos.

Si Benito Cabrera hubiera querido ser solidario de verdad, tenía una oportunidad de oro el día que lo llamó Román Rodríguez para, en la práctica, proponerle saltarse un concurso público donde se presentaron setenta compañeros compositores que optaban a ponerle letra al himno de Canarias. Entonces no se negó, escribió la letra que figura como himno oficial y entendió su solidaridad de forma más egoísta que ahora.

Si Benito Cabrera hubiera querido dar lecciones de solidaridad, cuando el Gobierno de Canarias le alquila el Carnegie Hall de Nueva York para actuar, le hubiese recordado la inoportunidad y exceso de ese gasto, llevado con tal secretismo en cuanto al dinero que les costó a los canarios, de tal manera que aún no sabemos lo que costó ni para lo que sirvió en cuanto a proyección comercial real del timple en Estados Unidos.

Si Benito Cabrera fuese solidario con la memoria histórica de la música en Canarias, le debería recordar a su amigo Elfidio Alonso, a propósito de lo que escribió hace dos semanas en el periódico La Opinión de Tenerife, que la primera orquesta de timples de Canarias no la ideó y puso en marcha Cabrera, sino el que suscribe. Eso fue a principios de la década de los 80 y existen grabaciones televisivas sobre esa orquesta, que no tuvo, desgraciadamente, la continuidad de apoyo público que en todos sus proyectos ha tenido Benito Cabrera. Como tampoco (como estoy cansado de oír en los medios) fue Cabrera el primero que llevó el timple a una orquesta sinfónica. Lo hizo también el que suscribe, con la Orquesta Sinfónica de Las Palmas bajo la batuta de Marçal Gols en el año 1978.

Si Benito Cabrera hubiese sido solidario, hubiese dimitido del jurado del que formaba parte, aquel que negó el Premio Canarias a mi recordado discípulo José Antonio Ramos a los meses de su fallecimiento, cuando aún era posible legalmente esa concesión a propósito de las normas del premio. Entonces hubiese ejercido esa solidaridad con las miles de personas que clamaban en las Islas para que se diera ese premio a José Antonio.

Si Benito Cabrera hubiese sido solidario, le hubiese recordado al Gobierno que ahora critica la inoportunidad y mala praxis de abrir un museo público sobre el timple en Teguise, donde él mismo ejerce de director sin haberse realizado un concurso público para ese puesto. Un museo al que el que suscribe, el timplista más veterano en activo de Canarias, no ha sido nunca invitado. Ni a su inauguración, ni consultado, como ningún timplista de prestigio, sobre su gestión, contenidos y su programación, aunque se financia en su integridad con fondos públicos.

Si Benito Cabrera fuese solidario con otros compañeros timplistas y músicos de Canarias -los más veteranos o los que comenzaban-, hubiese renunciado a favor de estos, al menos, a la mitad de los numerosos viajes, libros, exposiciones, cursos en los conservatorios públicos, contrataciones de conciertos, encargos de campañas institucionales, subvenciones de discos propios o producidos por él con los que ha sido agraciado desde hace más de quince años, y en cada uno de esos años, por numerosos departamentos gubernamentales que van desde Turismo a Cultura pasando por Patrimonio Histórico o cualquier despacho oficial en el que se diera curso al deseo de los gobernantes de varias legislaturas que fuera el músico popular más protegido por los impuestos de los canarios desde que Canarias es autonomía.

Si Benito Cabrera fuese solidario con la verdad, presentaría todos los contratos, las cuentas, los resultados de todas esas actividades en las que ha participado con sus empresas o las empresas de sus amigos y donde ha primado la financiación pública. Yo lo acompañaría en esa solidaridad con mis propias facturas -e invitaría a otros muchos a hacerlo-, porque creo que esa transparencia nos ayudaría a entender lo que ha estado pasando en la cultura de Canarias.

Una última cosa: yo sí que quiero ser solidario, pero con aquellos que, como yo, en las Islas, hemos esperado todos estos años a que nos caiga una dádiva, un resto de lo que abundantemente se regalaba, un año sí y otro también, a todos aquellos que figuran en la primera fila de la foto de agraviados que se han organizado contra el recorte que quiere llevar a cabo el Gobierno de Canarias.

Un recorte, por cierto, con el que no estoy de acuerdo en absoluto. Pero es el momento de que esos, los que se erigen como "ilustres" agraviados, por vergüenza callen, y que hablemos los verdaderamente indignados. Para recordarle al Gobierno el respeto que se debe a nuestro público, a nuestro esfuerzo, a nuestra contribución para que Canarias sea, de verdad y a través de la cultura, una sociedad más solidaria y menos contaminada por el mercadeo, el oportunismo mediático y la desvergüenza con la que algunos pretenden representar a la totalidad de nuestro talento creativo.

LUIS MILLARES SALL (TOTOYO MILLARES)