Economía

RAMÓN TRUJILLO *

¿Para qué sirven los sindicatos?

22/feb/12 01:07
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LAS MALAS condiciones salariales suelen reflejar el escaso poder de la gente trabajadora. Menor poder sindical y político suponen menor participación en la renta. Quienes trabajan y quienes aspiran a hacerlo deben saber que su salario y su nivel de vida guardan relación con su propia implicación sindical y política. Que quien no hace la historia la padece.

La gente trabajadora organizada en sindicatos consigue mejores salarios y mayor participación en la renta. Un informe de la Organización Internacional del Trabajo señala que, de 1995 a 2007, por cada aumento del 1% en el PIB por habitante, se produjo un aumento de los salarios del 0,65% en los países con menor porcentaje de trabajadores cubiertos por la negociación colectiva, y del 0,87% en los Estados con mayor cobertura.

Otro estudio, referido a treinta y tres países, mostró que, cuando menos del 15% de la fuerza laboral de un país está afiliada a sindicatos, el empleo de bajos salarios afecta al 24,6% de la población ocupada. Sin embargo, cuando el porcentaje de trabajadores afiliados a sindicatos supera el 50% del total, los bajos salarios afectan al 12,3% de las personas con empleo.

Se consideran trabajadores de bajos salarios quienes ganan menos de dos tercios del salario mediano por hora. John Schmitt, economista del Center for Economic and Policy Research de Washington, afirma en un estudio, en el que compara diecinueve de los Estados más ricos de la OCDE, que la negociación colectiva es el factor más importante para evitar los bajos salarios. Por el contrario, el crecimiento económico por persona no es relevante para explicar la proporción de empleo de bajos salarios existente en un país. De 1980 a 2010, hay niveles de crecimiento económico muy similares en países con tasas de empleo de bajos salarios muy diferentes. Por ejemplo, el crecimiento anual promedio del PIB durante esas tres décadas ronda el 2% anual en Finlandia, Noruega, España y Reino Unido, pero los bajos salarios incluyen al 8,5% y al 8%, respectivamente, de los trabajadores de los dos primeros países y al 15,7% y al 20,6% de la fuerza laboral de los dos últimos.

Si comparamos los cinco Estados con mayor proporción de empleo de bajos salarios con los cinco con menor proporción, incluidos en la muestra de diecinueve Estados ricos de la OCDE de Schmitt (seleccionados por la disponibilidad de datos), constataremos que la negociación colectiva abarcaba a una media del 37,2% de los trabajadores de los cinco Estados con mayor implantación del empleo de bajos salarios (desde el 13,3% de cobertura en Estados Unidos al 62,8% de Alemania). Este tipo de empleo afectaba del 24,8% de los trabajadores estadounidenses al 20,2% de los alemanes.

Por su parte, en los cinco países con menor implantación del empleo de bajos salarios, la negociación colectiva cubría al 86% de la fuerza laboral (del 96% de cobertura en Bélgica al 74% en Noruega). Este tipo de empleo afectaba del 11,1% de los trabajadores franceses y al 4% de los belgas. De modo que no son las diferencias de renta por habitante ni el crecimiento del PIB por persona la explicación del alcance del empleo de baja calidad. En realidad, los datos muestran que la fortaleza de los sindicatos y la negociación colectiva son esenciales para evitar la degradación del empleo.

Asimismo, el grado de influencia de los sindicatos parece estar vinculado con el tipo de gobierno que ha prevalecido a lo largo del tiempo. En un informe sobre la evolución del sindicalismo en veintiún países ricos, se pone de manifiesto cómo el poder sindical se ha preservado en los Estados gobernados por la socialdemocracia y cómo se ha deteriorado en los gobernados por liberales.

De 1980 a 2007, en los Estados gobernados principalmente por los socialdemócratas (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) la cobertura de la negociación colectiva se incrementó en cinco puntos porcentuales y las tasas de afiliación sindical cayeron cinco puntos porcentuales. En los países de economía de mercado liberales (Australia, Irlanda, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Japón y Reino Unido), la cobertura de la negociación colectiva cayó veintiséis puntos porcentuales y la tasa de afiliación veintitrés puntos.

El informe de Schmitt y Mitukiewicz sobre los cambios producidos en las tasas de sindicalización de los países ricos excluye la globalización como causa. Pues mientras que Estados Unidos y Japón poseen la menor cobertura de la negociación colectiva y el menor peso de la suma de las importaciones y las exportaciones en el PIB (indicador del grado de globalización), Estados como Bélgica, Suecia o Dinamarca multiplican el alcance tanto del porcentaje de trabajadores cubiertos por la negociación colectiva como del peso de las importaciones sumadas a las exportaciones en el PIB.

En suma, lo que nos muestran los datos de la realidad es que la mayor o menor incidencia del empleo de bajos salarios no se explica por el mayor o menor nivel de riqueza de un país, ni por su mayor o menor crecimiento económico. El factor clave es el poder que los trabajadores pueden ejercer para obtener una parte mayor de la tarta. Y para ello es fundamental el papel de los sindicatos y de las formaciones políticas comprometidas con la calidad del empleo y la redistribución de la renta. El empleo de calidad nunca se ha producido por generación espontánea, sino como resultado de luchas sindicales y políticas.

* Coordinador de Izquierda Unida en Tenerife

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