Santa Cruz de Tenerife
EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZFRANCISCO M. GONZÁLEZ *

23 de abril: día del libro | Educación, Familia y SensatezFrancisco M. González *

* Orientador familiar
20/abr/12 1:22 AM
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El libro que no soporta dos lecturas no merece ninguna

(José Luis Martín Descalzo)

COMO ya se sabe, aunque en la actualidad no está de más recordarlo, el próximo lunes, 23 de abril, se celebra el Día Mundial del Libro. En este día se conmemora la muerte de tres grandes escritores de la literatura universal: Miguel de Cervantes y Saavedra, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega.

El motivo de esta celebración busca la forma de estimular el gusto por la lectura, fomentar la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual a través del derecho de autor. Personalmente, esta fecha me pilla releyendo la novela de viajes y aventuras "El arca de la isla", de Miguel Aranguren (La Esfera de los Libros), ya que, a mi modo de ver, es un libro que merece más de una lectura.

Tal vez, por mi condición de padre, abuelo y profesor, a lo que más preponderancia le dé en esta festividad es a estimular el gusto por los libros. Por ello, trato de compartir mis lecturas con mis hijos, mis nietos y mis alumnos, y con mis amigos. Algo que me ayuda a mantener el diálogo afectivo, vivo y constante con ellos y, a la vez, fortalecer los lazos de confianza y amistad -hoy tan necesarios-, y hasta facilita el diálogo respetuoso con las nuevas generaciones, a las que hay que escuchar -sin adular-, alentar, comprender y entusiasmar. ¡Qué duda cabe de que a los jóvenes siempre los han movido los poetas y no los políticos!

Soy de los que piensan que para leer bien lo que hace falta es leer, leer y leer; y con el tiempo se irá leyendo cada vez mejor: se adquirirá el hábito de la lectura, una de las satisfacciones humanas con mayor encanto.

En la actualidad, para enseñar a leer hay, por lo general, diversos métodos. Es verdad que cada maestrillo tiene su librillo. He conocido y conozco a maestras y maestros con un don especial y una habilidad extraordinaria -casi misteriosa me atrevería a decir- junto con una paciencia asombrosa para enseñar a leer y escribir a los niños. Pienso que nunca se ha hecho tanto en la escuela como se está haciendo ahora para lograr que los niños aprendan a leer y a escribir de la forma más divertida, asequible y fácil, y, además, que entiendan lo que están leyendo y que sepan redactar lo que quieren decir. Por experiencia, me atrevo a afirmar que un niño o una niña no aprende a leer o a escribir "por normativa legal", sino que desarrolla sus aptitudes innatas por la capacidad de trabajo, la dedicación y el entusiasmo que ponen sus maestras o maestros. Ahora bien, por mucho que hagan los profesores, si no están apoyados o secundados por los padres, el éxito con los alumnos va a ser frustrante para todos. Porque donde de verdad se motiva o ilusiona al niño por la lectura es en la familia, donde se aprende a leer por contagio. Es muy difícil que un niño tenga interés por leer si no ve leer a sus padres; si no hay libros, revistas o periódicos en casa; si no se apaga de vez en cuando la televisión y cada uno coge un libro y se lee (si es algo relacionado con la afición del niño, mucho mejor); si no existe en casa esa pequeña y entrañable biblioteca familiar, ahora junto al ordenador.

Por ejemplo, no hay cosa más entrañable y que haga más feliz a un niño pequeño -cuanto antes mejor- que un día papá y otro día mamá -al que le toque-, después de acostarlo, le lean "el cuento". Aunque al principio no se enteren de mucho, sienten la cercanía y la atención de sus padres -lo que les da mucha seguridad-, y esto será la mejor motivación para que más adelante tengan interés por aprender a leer, les resulte más fácil y atractivo y terminen por convertirse en apasionados lectores. Perdonen la pasión de abuelo: mi nieta Elena termina de cumplir dos años, y ya distingue el Marca y EL DÍA del resto de periódicos.

Daniel Pennac escribe: "Las cosas más hermosas que hemos leído se las debemos casi siempre a un ser querido". Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. El verbo leer no soporta el imperativo".

y profesor emérito

del CEOFT

fmgszy@terra.es